Part 4
¡Oh padre Céfiro de faz taurina![69] ¿Cómo engendraste esta víbora o dragón, y de cuyos ojos brota letal llama? Todo lo osa, y no es menos cruel que el veneno de las Gorgonas con que quiso matarme. Apoderaos de ella para que sus rizos, no humedecidos por las libaciones, sean desgarrados por los peñascos del Parnaso, desde los cuales será precipitada. Fortuna tuve antes de llegar a Atenas y caer bajo la férula de mi madrastra, pues entre mis compañeros he podido conocer tu malevolencia y el odio que me profesas. Es seguro que al pisar tu palacio me hubieras lanzado a la morada de Hades. Pero ni el ara ni el templo de Apolo te salvarán. Yo y mi madre somos más dignos de lástima que tú, pues aunque no la conozca invoco su nombre con frecuencia. Contemplad a esta mujer malvada, maestra de engaños, que se sienta trémula junto al ara del dios, como si no hubiese de expiar su delito.
CREÚSA
Ordénote que no me mates, en mi propio nombre y en el del dios, junto a cuya ara estamos.
ION
¿Qué tienes tú de común con Febo?
CREÚSA
Consagro a este dios mi cuerpo.
ION
Y, sin embargo, intentabas envenenarme cuando yo era suyo.
CREÚSA
No suyo, sino de tu padre.
ION
Pero me adoptó por hijo y ha sido conmigo un verdadero padre.
CREÚSA
Eras antes servidor de Apolo; ahora yo, y tú no.
ION
Impía es tu consagración, y piadosa fue la mía.
CREÚSA
Pero quise matarte porque eras enemigo de mi familia.
ION
No fui armado a tu país.
CREÚSA
Sí, sin duda alguna; e incendiabas además el palacio de Erecteo.
ION
¿Con qué teas incendiarias, o con qué otro linaje de fuego?
CREÚSA
Arrebatándome mis bienes, habías de poseerlos contra mi voluntad.
ION
Sí, mi padre me cedía el país que ganó con sus armas.
CREÚSA
¿Qué derecho podían tener los descendientes de Eolo a la ciudad de Palas?
ION
Con sus armas la salvó, no con vanas palabras.
CREÚSA
El auxiliar no es poseedor del país que socorre.
ION
¿Luego querías matarme para no temer nada en adelante?
CREÚSA
Para no morir si tú perecías antes.
ION
Me odias porque mi padre me encontró, y tú no tienes hijos.
CREÚSA
¿Tú usurparás acaso la herencia de los huérfanos de ellos?
ION
¿Pues qué, no había de heredar parte de los de mi padre?
CREÚSA
Solo una lanza y un escudo; he aquí tu patrimonio.
ION
Deja el ara y el templo consagrado al dios.
CREÚSA
Aconseja a tu madre en dondequiera que esté.
ION
¿Pero no serás castigada por haber intentado envenenarme?
CREÚSA
Sí, si te atreves a hacerlo en este templo.
ION
¿Y por qué te agrada morir entre las guirnaldas de Febo?[70]
CREÚSA
Así padecerá alguno que nos hizo sufrir.
ION
¡Válganme los dioses! Lastimoso es que Apolo no estableciese leyes justas y prudentes para los hombres; los criminales no debían refugiarse en el ara, sino ser lanzados de ella; ni es honroso acercarse a los dioses con las manos manchadas, y solo los justos debían acogerse a los lugares consagrados si se los hacía injusticia, y nunca consentir que disfrutaran del mismo privilegio el sacrílego y el delincuente.
LA PITIA (_que sale del templo_).
Detente, hijo mío; yo, la sacerdotisa de Febo, acabo de dejar mi sagrado asiento, y vengo aquí encargada de la custodia del antiguo trípode, elegida entre todas las mujeres délficas.
ION
Salve, madre amada, aunque no me dieras a luz.
LA PITIA
Pero llámame madre tuya, que este nombre no me desagrada.
ION
¿Has sabido que esta mujer quería darme muerte con malas artes?
LA PITIA
Sí, y tú pecas también y eres cruel.
ION
¿No debo acaso castigar a mis asesinos?
LA PITIA
Las madrastras odian siempre a sus hijastros.
ION
Y nosotros a nuestras madrastras, cuando intentan ofendernos.
LA PITIA
Déjate de esto; al abandonar el templo para encaminarte a tu patria...
ION
¿Qué he de hacer, obediente a tus consejos?
LA PITIA
Vete puro a Atenas, y con auspicios favorables.
ION
Puro es, sin duda, el que se venga de sus enemigos.
LA PITIA
No lo hagas tú así; oye lo que voy a decirte.
ION
Habla, que tus palabras serán benévolas.
LA PITIA
¿Ves este cestillo que traigo debajo de los brazos?
ION
Veo un viejo cesto, ceñido de larga banda.
LA PITIA
Tal fue tu cuna, que te acogió al nacer.
ION
¿Qué dices? Nuevo es para mí esto.
LA PITIA
Oculto lo tenía; pero ahora lo descubro.
ION
¿Por qué lo has callado tanto tiempo?
LA PITIA
Quiso el dios que le sirvieses en su templo.
ION
¿Y ya no? ¿Cómo puedo saberlo?
LA PITIA
Obra suya es tu reconocimiento por Juto, y señal de que consiente que abandones este país.
ION
¿Lo guardaste porque te lo ordenó, o por qué motivo?
LA PITIA
Me dio a entender Apolo...
ION
¿Qué? Acaba.
LA PITIA
Que reservase hasta ahora este hallazgo.
ION
¿Y en qué puede servirme o perjudicarme?
LA PITIA
También contiene las fajas que te ceñían.
ION
Quizá me den alguna luz para buscar a mi madre.
LA PITIA
Cuando el dios lo quiere, nunca antes.
ION
¡Oh fausto día!
LA PITIA
Acéptalo, pues, y busca con diligencia a tu madre. Recorre todo el Asia y los confines de la Europa. Te crié por orden del dios, ¡oh hijo!, y te devuelvo lo que le plugo confiarme en deposito, sin que ningún mortal me lo mandase; pero no puedo adivinar el objeto que se propuso. Nadie sabía que yo lo poseyese, ni en dónde lo guardaba. Y adiós; te amo como una madre. Así, averigua cuanto antes si alguna mujer de Delfos, después de darte a luz, te expuso en este templo, o si ha sido otra griega. Febo y yo, que lo sabíamos, te lo anunciamos. (_Entra en el templo_).
ION
¡Ay, ay de mí! ¡Cómo derraman mis ojos copiosas lágrimas, pensando en mi madre, que se casó clandestinamente y me vendió a hurtadillas! Y no me dio su pecho, antes bien vivía como un esclavo en el templo del dios. Bueno ha sido él conmigo, y mala mi suerte, que me privó de los cuidados de una madre amantísima, cuando debí gozar de sus abrazos, plácido deleite de la vida. ¡Desventurada también la que me dio el ser, ya que su infortunio fue igual al mío, careciendo de los goces que ofrecen los hijos! Y ahora, cuando reciba este cesto, me lo llevaré como presente de Apolo, para buscar vanamente lo que deseo encontrar. Si me concibió alguna sierva, peor es hallarla. ¡Oh Febo!, yo lo consagro a tu templo.[71] Pero ¿qué hago? ¿Me rebelaré contra la voluntad del dios, que me suministra esos indicios para hallar a mi madre? Abriremos el cestillo y acometeremos la empresa, que nunca podrá triunfar de mi destino. ¡Oh sagrada banda! ¿Por qué has estado oculta, y vosotras, fajas que me ceñisteis? Ved cómo este redondo cestillo no ha sufrido en su cubierta injuria ninguna del tiempo, sin duda por obra del dios, ni tampoco sus mimbres, y eso que larga es la fecha de tal tesoro.
CREÚSA
¿Qué inesperado objeto contemplo?
ION
Calla; bien sabes que antes fuiste reservada hasta el exceso.
CREÚSA
No puedo callar ahora; no me lo aconsejes; veo el cesto que sirvió para exponerte, ¡oh hijo!, en tus más tiernos años, en la gruta de Cécrope y en las peñascosas bóvedas de Macra. Abandonaré, pues, esta ara, aunque haya de morir.
ION (_a los de su séquito_).
Prendedla; por decreto de Febo deja precipitadamente el ara en que se ha refugiado; sujetadla.
CREÚSA (_que se apodera mientras tanto del cesto_).
¿Todavía persistís en matarme? A la fuerza retendré este cesto y a ti y a cuanto contiene.
ION
¿No es esto intolerable? Fingido es lo que hace.
CREÚSA
No; ya tus amigos encontraron a quien aman.
ION
¿Me amas acaso, y querías ha poco envenenarme?
CREÚSA
Eres mi hijo, prenda la más cara de los padres.
ION
No recurras a tales artificios; fácilmente te los probaré.
CREÚSA
Pruébalo, hijo; ese es mi mayor deseo.
ION
¿Está vacío este cesto, o contiene alguna cosa?
CREÚSA
Los vestidos con que te expuse.
ION
¿Y dirás cuáles son antes de pasar adelante?
CREÚSA
Y si no lo acierto, moriré gustosa.
ION
Dilo, que es algo extraña tu confianza.
CREÚSA
Mirad la tela que tejí en mi juventud.
ION
¿Cuál? Muchas clases de tela tejen las jóvenes.
CREÚSA
No está bien acabada, y se conoce que era inexperta la lanzadera que la tejió.
ION
¿Y qué representa? Ahora no podrás engañarme.
CREÚSA
A la Gorgona, figurada con el estambre del manto.
ION
¡Oh Zeus, qué destino es el mío!
CREÚSA
Y su cabeza, a modo de égida, está coronada de serpientes.
ION (_que enseña la tela_).
Vedla; esta es la tela y las fajas que hemos encontrado.
CREÚSA (_examinándola_).
¡Oh, paños, antigua obra de mis manos virginales!
ION
¿Hay alguna señal además, o basta lo dicho?
CREÚSA
Dos brillantes dragones de oro macizo, ofrenda a Atenea, destinados a guardar niños, en recuerdo del viejo Erictonio.
ION
Mas ¿para qué sirven estas alhajas de oro? Dímelo.
CREÚSA
Para adornar el cuello del recién nacido, ¡oh hijo!
ION
Aquí está, en efecto; deseo que me reveles la tercera señal.
CREÚSA
Púsete entonces una corona de olivas, primera que plantó Atenea en la ciudadela, la cual, si existe, no pierde nunca el verdor de sus hojas, porque es inmortal.
ION
¡Oh madre muy querida!, contento miro tus ojos gozosos y beso tus mejillas.
CREÚSA
¡Hijo mío!, luz más grata a una madre que la del sol (con perdón sea dicho de él); en mis brazos te estrecho encontrándote cuando menos lo esperaba y cuando creía que habitabas con los manes debajo de la Tierra, en el reino de Perséfone.
ION
¡Oh madre amada!, en tus brazos me ves; vivo cuando me creías muerto.
CREÚSA
¡Cuán grande es mi alegría! ¿Qué diré, cómo la expresaré, llenando los espacios del aire resplandeciente? ¿A quién debo este gozo inesperado? ¿A quién esta dicha?
ION
¡Oh madre!, todo lo hubiese pensado, menos que yo era tu hijo.
CREÚSA
Todavía tiemblo de miedo.
ION
Temes acaso perderme, cuando me estrechas en tus brazos.
CREÚSA
Ya no lo esperaba. ¿Cómo, ¡oh mujer! (_a la Pitia_), vino este niño a tus manos? ¿Quién le trajo al templo de Apolo?
ION
Orden divina; seamos felices desde ahora con los dones de la fortuna, antes tan adversa.
CREÚSA
¡Oh hijo!, no viniste al mundo sin lágrimas, ni te arrancaron sin lamentos del pecho de tu madre; pero en este instante disfruta de dulcísimo deleite respirando cerca de tus mejillas.
ION
Al recordar mi destino, recuerdas también el tuyo.
CREÚSA
Ya no soy huérfana, ya no carezco de hijos; ya mi linaje será respetado, y mi país tendrá rey, y Erecteo se rejuvenece, y mi estirpe, hija de la Tierra, no quedará envuelta en oscuras tinieblas y verá otra vez las antorchas del sol.
ION
¡Oh madre!, que mi padre participe también de este deleite.
CREÚSA
¿Qué palabras pronuncias? ¡Cómo, cómo me reconoces!
ION
¿Qué has dicho?
CREÚSA
¡Otro, otro fue tu padre!
ION
¡Ay de mí! ¿Sin haber contraído himeneo diste la vida a un bastardo?
CREÚSA
Ni antorchas ni danzas celebraron el mío, ¡oh hijo!, cuyo fruto fuiste.
ION
¡Ay, ay de mí! Innoble es mi nacimiento, ¡oh madre! ¿Quién me engendró?
CREÚSA
Sábelo la que dio muerte a la Gorgona...
ION
¿Por qué te expresas así?
CREÚSA
La que habita en mis peñascos y plantó la oliva en la roca.
ION
No te entiendo, no te entiendo; no puedo adivinar el sentido de tus palabras.
CREÚSA
En el monte frecuentado por ruiseñores con Febo...
ION
¿Qué dices de Febo?
CREÚSA
Me uní en furtivo lecho.
ION
Explícate, que me es grato y placentero.
CREÚSA
Y en la décima revolución del mes te di a luz ocultamente, y fue tu padre Febo.
ION
¡Cuánto me place lo que dices, si es verdad!
CREÚSA
Mis manos virginales te envolvieron en estas telas, obra de mi lanzadera. No te acerqué a mi pecho, ni te alimentó mi leche maternal, ni mis manos te lavaron, sino que te expuse a la muerte en una gruta desierta, para que te despedazaran las garras de las aves.
ION
¡Oh madre!, cruel fue tu resolución.
CREÚSA
Vencida por el miedo, te entregué a la muerte, ¡oh hijo!, aunque lo hice contra mi voluntad.
ION
¡Y estuviste a punto de perecer a mis manos impías!
CREÚSA
Deplorable, ¡ay de mí!, fue todo aquello; deplorable también esto; juguete somos de penas y placeres, y pronto cambió el viento; sea constante el aura propicia que ahora sopla, después de tantos males, ¡oh hijo!
EL CORO
Ningún mortal, en vista de lo que nos sucede, debe extrañar nada.
ION
¡Oh, Fortuna, que todo lo trastornas, y haces a unos desdichados y a otros felices!; en mortal peligro estuvimos de matar a nuestra madre y de sufrir nosotros mismos muerte indigna. ¡Ay de mí! ¿Por ventura nada nos enseñan cada día las brillantes revoluciones del Sol? Deseado hallazgo es el tuyo, ¡oh madre!, y no me quejaré de mi linaje; lo demás debes tú saberlo. Acércate, quiero hablarte al oído, y dejemos eso envuelto en las tinieblas. Cuida, madre mía, de no achacar al dios tu falta, como suele suceder a las vírgenes, y guárdate, deseosa por mi causa de evitar tu deshonra, de afirmar falsamente que fue mi padre Febo.
CREÚSA
No; por la Victoria que acompañó a Atenea al socorrer en su carro a Zeus contra los hijos de la Tierra, ningún mortal es tu padre, ¡oh hijo!, sino el rey Apolo, que te conservó.
ION
¿Cómo, pues, da un hijo a otro, y dice que me engendró Juto?
CREÚSA
No dijo que te engendrara Juto, sino que, siendo suyo, te entregó a Juto; como amigo le ofrece su hijo, para que él lo herede.
ION
Con razón me inquietas, ¡oh madre!, si será veraz el dios, o si vaticina erradamente.
CREÚSA
Oye lo que me ocurre, ¡oh hijo!: Apolo, deseoso de protegerte, te hace miembro de su noble familia; pero si dices que eres su hijo, no serás nunca su heredero ni llevarás su nombre. ¿Cómo había de ser así, cuando oculté yo misma ese himeneo y quise matarte en secreto? Él te socorrió y te da ahora otro padre.[72]
ION
No me satisfacen tus razones; entraré, pues, en el templo y preguntaré a Febo si he nacido de padre mortal, o de él mismo. (_Cuando va a entrar en el templo, se aparece Atenea en resplandeciente carro_). ¿Qué es esto? ¿Qué deidad muestra su faz brillante como el sol sobre el sagrado templo? Huyamos, madre; no miremos a los dioses cuando no conviene verlos.
ATENEA (_a Ion_).
No huyáis, que no soy vuestra enemiga, sino la que os ama, y también a Atenas. Yo soy Palas, que me llamo como vuestra ciudad, y vengo aquí ligera a ruego de Apolo, que no osa presentarse, arrepentido de su falta. Nos envía para deciros que Creúsa te dio a luz y Apolo fue tu padre, haciéndote adoptar por los que no te engendraron, para que pertenezcas a nobilísima familia. Ya que todo se sabe claramente, disipó la borrasca que te amenazaba, temiendo que murieses a manos de tu madre, o ella a las tuyas. Deseaba el rey Apolo callarlo y declarar a Atenas que Creúsa era tu madre, y tú hijo de ambos. Para que se cumpla el oráculo y terminar mi misión, os diré el motivo que me obligó a uncir al carro mis caballos; ve, ¡oh Creúsa!, con tu hijo a la tierra de Cécrope y colócalo en el trono, porque es justo que reine en mi país el descendiente de Erecteo. Será famoso en la Grecia; cuatro ramas brotarán de este tronco, que darán tu nombre al territorio y a las tribus que habitan en mi alcázar.[73] Geleón será el primero; a esta tribu seguirán las de los Hopletes, Argades y Egícores, del mismo nombre de mi égida, que formarán la cuarta. Cuando llegue la época fijada por el destino, sus descendientes fundarán las ciudades insulares de las Cícladas y colonizarán las orillas de la mar, principal nervio de un estado, y poblarán los campos de ambos continentes, así del Asia como de Europa; y perpetuando el nombre de Ion, serán famosos los jonios.[74] Pero Juto y tú tendréis otros hijos; a saber: Doro,[75] estirpe de los preclaros dorios, y Aqueo,[76] en el país de Pélope, que dominará en la costa del mar, cerca de Río,[77] y será padre de un pueblo insigne, que se llamará como él. (_A Creúsa_). Muchos beneficios debes a Apolo; primeramente te libró en tu parto de dolores, para que tus amigos no lo sospecharan, y después que diste a luz este hijo y lo fajaste, ordenó a Hermes que lo trajese aquí en sus brazos, y lo educó y le conservó la vida. Calla, pues, ahora, y no digas que es tu hijo, para que Juto, engañado, se deleite, y tú, mujer, puedas gozar tranquila de su compañía. Y sed felices, que os prometo suerte venturosa y alivio en vuestros malos.
ION
¡Oh Palas!, hija de Zeus Máximo, no incrédulo te escucho, que convencido estoy ya de ser hijo de Apolo y de Creúsa, y aun antes no era para mí increíble.
CREÚSA
Óyeme ahora: alabo a Febo, aunque no lo hiciera antes, porque me ha devuelto el hijo que despreció en otro tiempo. Bendigo, pues, ahora las puertas de este santuario y los oráculos del dios, hasta aquí adversos. De buen grado oprimirán ya mis manos las argollas de estas puertas, y las saludaré con amor.
ATENEA
Celebro que honres al dios, variando de parecer; hasta cierto punto podrá ser tarda la voluntad divina, pero se cumplirá al fin siempre.
CREÚSA
¡Oh hijo!, vamos a nuestra patria.
ATENEA
Andad, y yo os seguiré.
ION
Digna patrona, en verdad, de nuestro viaje.
CREÚSA
Y amante de nuestra ciudad.
ATENEA
Y siéntate en el antiguo trono.
CREÚSA
¡Bien inestimable para mí!
EL CORO
Adiós, Apolo, hijo de Zeus y de Leto; nunca desconfíe el desdichado si honra a los dioses. Al fin, los buenos obtienen justa recompensa, que los malos nunca serán felices.
ANDRÓMACA
ARGUMENTO
Andrómaca, viuda de Héctor, esclava concubina de Neoptólemo, hijo de Aquiles, de cuya unión ha nacido Moloso, de tierna edad al comenzar la acción de esta tragedia, sufre las consecuencias de su rivalidad con Hermíone, esposa legítima de Neoptólemo, sin duda originada de las preferencias de este con Andrómaca y por su desvío o antipatía a Hermíone, y contenida por la presencia y la autoridad del amante y marido. Pero ausente este en Delfos en expiación de una injuria a Apolo, y libre Hermíone del freno que la reprimía, extremó de tal manera su odio que obligó a Andrómaca, amenazada de muerte con su hijo Moloso, a huir del palacio de Neoptólemo y demandar protección a la diosa Tetis, abrazando su estatua y sin separarse de ella. Moloso estaba oculto, y Menelao, padre de Hermíone y rey de Esparta, había venido para ayudarla en su abominable proyecto.
Por la fuerza no era lícito entre los griegos, dadas sus ideas religiosas, violar por ningún pretexto el asilo sagrado de Andrómaca, y Menelao recurre para lograrlo al engaño, prometiéndole salvar la vida de Moloso, ya en poder suyo. No cumple, sin embargo, su palabra, y hubiera sacrificado sin piedad al hijo y a la madre sin la llegada y la intervención de Peleo, abuelo de Neoptólemo y bisabuelo del niño, avisado oportunamente por Andrómaca del peligro mortal que la amenazaba. Menelao renuncia a su cruel empresa y abandona a Hermíone, y esta intenta suicidarse desesperada por el mal éxito de su plan, y sobre todo por el miedo que le inspira su marido, librándose al fin de la suerte que le aguardaba por la aparición de Orestes, hijo de Agamenón y primo suyo, que la ayuda a huir a su ruego y por vengarse de Neoptólemo, que se había casado con Hermíone sabiendo que era su prometida y sin hacer caso alguno de las súplicas y razones que le expuso. Anuncia también a Hermíone que los habitantes de Delfos, a instigación suya, se han conjurado para matar a Neoptólemo; y en efecto, preséntase poco después un mensajero que confirma el asesinato del hijo de Aquiles. La unidad de tiempo, como se ve, se quebranta evidentemente. Llega también el cadáver de Neoptólemo, y por último la misma diosa Tetis en persona, que desata el nudo o resuelve el conflicto dramático, ordenando que Neoptólemo sea sepultado en Delfos para recordar a la posteridad el crimen de sus habitantes; que Andrómaca vaya al país de los molosos para casarse con Héleno y perpetuar allí a los descendientes de Éaco, que serán sus reyes, y, por último, anuncia también a Peleo que será inmortal como los dioses y que vivirá siempre en su palacio y en su compañía.
Racine ha escrito una _Andrómaca_ imitada de esta de Eurípides, y los franceses, en general, la estiman superior a su modelo. Se comprende fácilmente que así sea si tenemos en cuenta la ordinaria parcialidad de sus compatriotas en todo cuanto atañe a su vanidad nacional, como en parte acontece también a los demás pueblos; pero también se comprende sin grande esfuerzo que el culto ciego a las tres unidades, dogma de la mayoría de los literatos y críticos que las han comparado y juzgado, y la violación manifiesta de dos de ellas por Eurípides, y la posibilidad de que número no escaso de aquellos, habiéndola leído solo traducida, hayan tenido también influjo importante en esos fallos, erróneos en nuestro modesto juicio. La impresión que produce la obra del poeta griego desenvolviendo una fábula religiosa a la vez que popular, conforme con las costumbres, ideas y sentimientos nacionales; con personajes de caracteres naturales y pasiones sencillas y reales, dentro del círculo de la civilización helénica, y exornado este cuadro con una poesía sobria, viril y eminentemente dramática, pierde no poco de sus encantos leyendo en seguida la de Racine, que extrema las virtudes de Andrómaca hasta convertirla en una reina cristiana, y a Neoptólemo o Pirro en héroe semibárbaro, a pesar de sus galanterías francesas, y que ofrece personajes, pasiones y caracteres antihelénicos, amanerados e insípidos, y todo esto expuesto en una versificación y una rima tan monótona como insoportable.