Part 1
NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.
* Los errores de imprenta han sido corregidos.
* La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
* También se han modernizado los nombres propios de personas y lugares, y los gentilicios.
* Los nombres de los dioses y héroes no aparecen con la denominación latina, utilizada por el traductor, sino con la griega, como hizo el autor. Es decir, Venus y Hércules aparecen como Afrodita y Heracles.
* Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final del libro.
* Las páginas en blanco han sido eliminadas.
OBRAS DRAMÁTICAS DE EURÍPIDES
BIBLIOTECA CLÁSICA TOMO CCXXII
OBRAS DRAMÁTICAS DE EURÍPIDES
VERTIDAS DIRECTAMENTE DEL GRIEGO AL CASTELLANO POR EDUARDO MIER Y BARBERY Traductor del alemán de las obras dramáticas de Schiller de la «Biblioteca Clásica».
Grajis ingenium, Grajis dedit ore rotundo Musa loqui.
HORAC., _Epist. ad Pis._
TOMO II
MADRID LIBRERÍA DE LOS SUCESORES DE HERNANDO Calle del Arenal, núm. 11. — 1909
ES PROPIEDAD
MADRID. — Imprenta de Perlado, Páez y C.ª, Quintana, 33.
LAS TROYANAS
ARGUMENTO
Eurípides intenta representar en esta tragedia uno de los episodios más terribles que siguieron a la toma de Ilión por los griegos, y con dicho objeto acumula varios incidentes trágicos, casi todos de su invención. Supone que los vencedores, que aguardaban vientos favorables para soltar sus naves, se reparten las esclavas, reservándose los más famosos capitanes las más distinguidas, ya para su servicio, como sucede a Hécuba respecto de Odiseo, ya para sus placeres, como acontece a Casandra y Andrómaca respecto de Agamenón y Neoptólemo. No contentos con esto, sacrifican a Políxena, hija de Hécuba y de Príamo, a los manes de Aquiles, y precipitan a Astianacte, nieto de aquellos reyes, desde las altas torres de Troya, temerosos de dejar con vida a este tierno retoño del linaje de Príamo, que más adelante podría reedificar su ciudad, a la que incendian también en presencia de la mísera viuda, antes reina y ahora esclava.
No hay, pues, en ella acción verdadera, ni causa ni obstáculos que la aceleren o detengan. Carece, por tanto, de unidad dramática, a no ser que supongamos que Hécuba es aquí, como en la tragedia que lleva su nombre, el foco o centro en donde convergen estos sucesos. Como toca en suerte al astuto y cruel Odiseo, autor principal de sus últimas y más acerbas desdichas; como Poseidón pronuncia el prólogo, y juntamente con Atenea se prepara a emplear sus fuerzas en hacer desastrosa la vuelta de los griegos a su patria; como los coros aluden a los viajes de Odiseo y a sus trabajos, y como se sabe, por último, que LAS TROYANAS son la última pieza de una trilogía, cuyas dos primeras representaban el reconocimiento de Paris por sus padres y el suplicio de Palamedes, a causa de los infernales artificios del héroe de la _Odisea_, debemos suponer que el objeto del poeta ha sido probar lo vario e instable de las cosas humanas, puesto que los favorecidos hoy por la fortuna pueden ser mañana víctimas de los mayores sufrimientos. Partiendo de tal hipótesis no es posible desconocer la trágica grandeza de esta composición. Los cuadros más lúgubres se suceden unos a otros, formando grupos patéticos inimitables, y los rudos embates de la adversidad humillan en incesante acometida la vanidad y el orgullo humanos. Desde este punto de vista no podemos considerar como episodios inútiles el desvarío de Casandra, ni el diálogo de Helena con Hécuba y Menelao. Dolor grande para una madre es ver a su hija frenética, y más sabiendo que su delirio es efecto de infausto y deshonroso himeneo, y dolor el presenciar la impunidad en que queda su mayor enemiga. Debemos decir, sin embargo, que, a nuestro parecer, Eurípides se deja llevar demasiado lejos de su afán de hacer efecto en el auditorio; que amontona con profusión los incidentes desgarradores, siendo algunos innecesarios, y que a veces, como ocurre con las lamentaciones de Hécuba ante el cadáver de Astianacte, después de las bellísimas quejas de su madre Andrómaca, es frío, inoportuno y algo declamatorio.
Séneca ha imitado esta tragedia en la suya titulada _Troades_, condensando en ella la acción de la _Hécuba_, de Eurípides, y de LAS TROYANAS. Incurre en sus faltas ordinarias, acompañadas como siempre de brillantes rasgos. Su estilo afectadamente sentencioso, sus disputas filosóficas, su mal gusto, su hinchazón y ampulosidad, y su poco conocimiento de la escena la deslucen y afean, sobre todo cuando sus imitaciones se leen después de los originales. La francesa de Châteaubrun es mejor, aunque con ese sabor transpirenaico al cual nunca podremos acostumbrarnos.
Representose LAS TROYANAS en la olimpiada 91, 1 (416 antes de J.-C.), ateniéndonos a las siguientes palabras de Eliano. _Var. Hist._, II, 8:
κατὰ τὴν πρώτην καὶ ἐνενηκοστὴν Ὀλυμπιάδα..., ἀντηγωνίσαντο ἀλλήλοις Ξενοκλῆς, ὅστις ποτὲ οὗτός ἐστιν, Οἰδίποδι καὶ Λυκάονι καὶ Βάκχαις καὶ Ἀθάμαντι σατυρικῷ. Τούτου δεύτερος Εὐριπίδης ἦν Ἀλεξάνδρῳ καὶ Παλαμήδῃ καὶ Τρῳασὶ καὶ Σισύφῳ σατυρικῷ.
Resulta, pues, de ellas que concurrieron a este certamen Xenocles, con la trilogía compuesta de _Edipo, Licaón_ y _Las Bacantes_, y el drama satírico titulado _Atamante_, y Eurípides con la trilogía de _Alejandro, Palamedes_ y LAS TROYANAS, y el drama satírico denominado _Sísifo_. El escoliasta de Aristófanes, en _Las Avispas_, al verso 1326, confirma el testimonio de Eliano, diciendo: ὑστερεῖ ἡ τῶν Τρῳάδων κάθεσις ἔτεσιν ἑπτα. «_Las Avispas_ se representaron siete años después que LAS TROYANAS»; y como se sabe que esta comedia de Aristófanes se representó en la olimpiada 89, 2, concuerda el testimonio el escoliasta con el de Eliano.
PERSONAJES
POSEIDÓN, _dios del mar._ ATENEA, _diosa de la guerra y de la sabiduría._ HÉCUBA, _exreina de Troya._ CORO DE CAUTIVAS TROYANAS. TALTIBIO, _heraldo de los griegos._ CASANDRA, _profetisa, hija de Hécuba._ ANDRÓMACA, _viuda de Héctor._ MENELAO, _rey de Micenas._ HELENA, _esposa de Menelao y de Paris._
La acción es delante de Troya.
Se ve en el teatro una vasta tienda de las que forman el campamento griego, y en el fondo la ciudad de Ilión y su alcázar. Cerca de la tienda yace Hécuba, y dentro las cautivas troyanas.
POSEIDÓN
Yo, Poseidón, vengo del salado abismo del mar Egeo,[1] en donde las nereidas[2] danzan en coros con sus pies bellos. Desde que Febo y yo edificamos las altas torres de piedra de este campo troyano,[3] he favorecido siempre a la ciudad de los frigios, que ahora humea, destruida por el ejército argivo. Porque Epeo, el focidio del Parnaso,[4] fabricando por arte de Palas un caballo preñado de armas, introdujo en las torres esta carga funesta, que en adelante será llamada por los hombres el corcel bélico,[5] por contener en su vientre ocultas lanzas. Desiertos los bosques sagrados, los templos de los dioses destilan sangre, y Príamo moribundo cayó al pie del altar de Zeus Herceo.[6] Mucho oro y muchos despojos frigios han llevado los griegos a sus naves; ahora esperan que sople un viento favorable que, hinchando sus velas, les proporcione el placer de abrazar a sus esposas e hijos, ya que al cabo de diez años se han apoderado de esta ciudad. Y yo, vencido por Hera, diosa argiva, y por Atenea, que juntas derribaron a los frigios,[7] abandono la ínclita Ilión y mis altares, que si reina en ella triste soledad, sufre detrimento el culto de los dioses y no suelen ser adorados como antes. Muchos alaridos de esclavas resuenan en las orillas del Escamandro,[8] mientras sus dueños las sortean, y unas tocan al pueblo arcadio, otras al tesalio, y otras a los hijos de Teseo, generales de los atenienses.[9] Todas las troyanas no sujetas a la suerte y reservadas a los principales del ejército están aquí, y Helena con ellas, la lacedemonia hija de Tindáreo, cautiva también, según las leyes de la guerra. Quienquiera puede contemplar a la mísera Hécuba, que yace en tierra delante de las tiendas, derramando abundantes lágrimas por la pérdida de tantas prendas amadas. Su hija Políxena ha sido sacrificada, sin saberlo ella, sobre el túmulo de Aquiles, y también perecieron Príamo y sus hijos, mientras que el rey Apolo inspiraba el delirio en la virgen Casandra,[10] impía y rebelde a las órdenes del dios, convertida hoy a la fuerza en esposa adulterina de Agamenón. Adiós, pues, ciudad feliz en otro tiempo y brillantes torres; si no te hubiese arruinado Palas, la hija de Zeus, aún subsistirías sobre tus cimientos.
ATENEA
¿Puedo hablar a un pariente de mi padre, gran dios, y entre los dioses venerado, depuesta nuestra antigua enemistad?
POSEIDÓN
Habla, que si los parientes se conciertan, ¡oh reina Atenea!, pueden conciliar los ánimos discordes.
ATENEA
Alabo tu afable respuesta; vengo a hablarte de un asunto, ¡oh rey!, que a ambos interesa.
POSEIDÓN
¿Acaso a anunciarme nuevos mandatos de algún dios? ¿Quizá del mismo Zeus o de algún otro?
ATENEA
No; tráeme a tu presencia Troya, y recurro a tu poder para que me ayudes.
POSEIDÓN
¿Acaso no la odias ya, y te has compadecido de ella al verla devorada por las llamas?
ATENEA
Contesta a mi primera pregunta: ¿me comunicarás tus proyectos, y querrás asociarte a los míos?
POSEIDÓN
Sí; pero deseo conocer tu voluntad, y si has venido por favorecer a los griegos o a los troyanos.
ATENEA
Anhelo ahora llenar de júbilo a los troyanos, mis anteriores enemigos, y que sea infortunada la vuelta del ejército aqueo.
POSEIDÓN
¿Cómo cambias así de parecer, y odias y amas con pasión, dejándote llevar del viento de la fortuna?
ATENEA
¿No tienes noticia del insulto que han hecho a mi divinidad y a mi templo?
POSEIDÓN
Sí, cuando Áyax arrastraba por fuerza a Casandra.[11]
ATENEA
Y, sin embargo, nada sufrió, ni aun oyó nada de los griegos.
POSEIDÓN
Y con tu auxilio arrasaron a Ilión.
ATENEA
Por eso quiero afligirlos.
POSEIDÓN
Dispuesto estoy a complacerte, Pero ¿cuál es tu propósito?
ATENEA
Deseo que sea infortunada su vuelta.
POSEIDÓN
¿Que sufran desdichas mientras permanecen en tierra, o cuando entren en el salado mar?
ATENEA
Cuando naveguen hacia su patria desde Ilión, Zeus les enviará lluvias y fuerte granizo; el aire acumulará negras nubes, y hasta ha prometido darme su fulmíneo fuego para desbandarlos e incendiar sus naves. Haz tú lo que puedas; que graves borrascas retiemblen en el Egeo, y que revuelvan sus ondas saladas, y se llene de cadáveres el estrecho puerto de la Eubea.[12] Así respetarán los aqueos mis templos y venerarán a los demás dioses.
POSEIDÓN
No hablemos ya más, que no es necesario. Haré lo que anhelas, y removeré el mar Egeo; las riberas de Miconos,[13] las rocas de Delos, Esciros, Lemnos y el promontorio Cafereo se llenarán de cadáveres. Pero vete al Olimpo, recibe de manos de tu padre los fulmíneos dardos y deja que la armada aquea desate sus cables. Necio es cualquier mortal que conquista una ciudad y abandona sus templos y sepulcros, sagrado asilo de los muertos. Inevitable es su ruina.
HÉCUBA (_que se incorpora_).
Alza del suelo tu cabeza, ¡oh desventurada!; levanta tu cuello; ya no existe Troya, y nosotros no reinamos en ella. Sufre este nuevo golpe de la fortuna; navega siguiendo su corriente, navega por donde te lleve la suerte, y no vuelvas contra sus olas la proa de la vida, que te arrastra deidad caprichosa.
¡Ay, ay de mí! ¡Ay, ay de mí! ¿Cómo no he de llorar, sin patria, sin hijos y sin esposo? ¡Oh fastuosa pompa de mis mayores! ¡Cómo has venido a tierra! ¡Nada eras!
¡Tantas deberían ser mis quejas, tantos mis lamentos, que no sé por dónde empezar! ¡Desdichada de mí! ¡Tristemente reclino mis miembros, presa de insoportables dolores, yaciendo en duro lecho!
¡Ay de mi cabeza! ¡Ay de mis sienes y de mi pecho! ¡Cuánta es mi inquietud! ¡Cuánto mi deseo de revolverme en todos sentidos para dar descanso a mi cuerpo y abandonarme a perpetuos y lúgubres sollozos! ¡También los desdichados entonan su canto y dan al viento tristes ayes!
_Estrofa 1.ª_ — ¡Proas ligeras de las naves, que arribasteis con vuestros remos a la sagrada Ilión, atravesando el mar purpúreo y los abrigados puertos de la Grecia al son de las flautas y de odiosos cantos, y os sujetaron, ¡ay de mí!, en la ensenada de Troya con cables torcidos por arte egipcio para rescatar la aborrecida esposa de Menelao, deshonra de Cástor[14] y afrenta del Eurotas,[15] por cuya causa fue degollado Príamo, padre de cincuenta hijos, y cayó sobre mí, sobre la desdichada Hécuba, esta calamidad!
_Antístrofa 1.ª_ — ¡Ay de mí! ¡Funesto destino, que me obligas a habitar ahora en las tiendas de Agamenón! ¡Llévanme, vieja esclava, de mi palacio, y lúgubre rasura me ha despojado de mis cabellos![16] Míseras compañeras de los guerreros troyanos, míseras vírgenes y desventuradas esposas, ¡lamentémonos, que humea Ilión! Como madre alada levanta el grito por sus hijuelos cubiertos ya de pluma, así yo comenzaré mi canto, no como en otro tiempo, apoyada en el cetro de Príamo cuando celebraba a los dioses, resonando como pocos al compás frigio mis pies ligeros.
PRIMER SEMICORO (_que sale de la tienda_).
_Estrofa 2.ª_ — Hécuba, ¿a qué esos clamores?, ¿a qué esos gritos?, ¿qué pretendes? Oí en las tiendas tus lamentos, y el miedo se apoderó de las troyanas, que lloran en ellas su esclavitud.
HÉCUBA
¡Oh hijas!, ya se mueven los remos de las naves argivas.
PRIMER SEMICORO
¡Ay de mí, desventurada! ¿Qué quieren? ¿Me llevarán, ¡ay mísera!, a las naves, arrancándome de mi patria?
HÉCUBA
No lo sé; pero mucho me lo temo.
PRIMER SEMICORO
¡Ay, ay! ¡Infelices troyanas! Venid y sabréis los trabajos que os aguardan; salid de las tiendas; los argivos se preparan a navegar.
HÉCUBA
¡Ay, ay de mí! No llaméis ahora a mi lado a Casandra, bacante furiosa, que la afrentarán los griegos y doblará mi dolor. ¡Ay de ti, mísera Troya! ¡Pereciste con los desdichados que te abandonan, vivos y muertos!
SEGUNDO SEMICORO (_que sale de la tienda_).
_Antístrofa 2.ª_ — ¡Ay de mí! Temblando dejé la tienda de Agamenón para oír de tus labios, ¡oh reina!, si los argivos me han condenado a muerte o si los marineros se aprestan a agitar en las popas los remos.
HÉCUBA
¡Oh hija, respira y reanímate! El terror embarga tus miembros.
SEGUNDO SEMICORO
¿Ha venido algún heraldo de los griegos? ¿Quién será el dueño de esta mísera esclava?
HÉCUBA
Pronto lo decidirá la suerte.
SEGUNDO SEMICORO
¡Ay, ay de mí! ¿Cuál de los argivos o de los ftiotas[17] me llevará lejos de Troya a alguna isla?
HÉCUBA
¡Ay, ay de mí! ¿A quién serviré yo, infeliz anciana, en qué país, en qué país, abeja ociosa, mísera imagen de la muerte, trasunto de impalpables manes? ¿Guardaré quizá algún vestíbulo, o cuidaré de los niños[18] que me confíen, después de disfrutar en Troya de regios honores?
EL CORO (_júntanse los dos semicoros_).
_Estrofa 3.ª_ — ¡Ay, ay de mí! ¿Qué lamentaciones bastarán para deplorar tu indigna suerte? No tejeré con la lanzadera telas ideas de varios colores. Por última vez saludo los cuerpos de mis hijos, por última vez; más graves serán mis trabajos,[19] ya en el lecho de los griegos (¡maldita noche!, ¡funesto destino!), o miserable sierva, trayendo agua de las puras ondas de Pirene.[20] ¡Ojalá que vayamos a la región preclara y afortunada de Teseo! Al menos que yo no vea al revuelto Eurotas, mansión odiosa de Helena, en donde serviría a Menelao, el destructor de Troya.
_Antístrofa 3.ª_ — Sagrada es la tierra que baña el Peneo,[21] asiento bellísimo del Olimpo, abundante en riquezas, según dice la fama, y en sabrosos frutos. ¡Que vaya yo a ella, ya que no sea a la región sagrada y divina de Teseo! Alabáronme las coronas que premian la virtud de los habitantes de la Etnea,[22] amada de Hefesto, enfrente de la Fenicia, y madre de los montes Sículos. Los navegantes celebran también la tierra vecina al mar Jónico, regada por el Cratis,[23] de apuesta y blonda cabellera, que con sus sagradas fuentes le da vida, derramando la dicha en sus márgenes populosas. Pero he aquí un heraldo del ejército griego, que sin duda llega con ligeros pasos a comunicarnos nuevas órdenes. ¿Qué trae? ¿Qué dice? Ya somos esclavas de la Dóride.[24]
TALTIBIO
Te acordarás, ¡oh Hécuba!, de haberme visto en Troya en distintas ocasiones de heraldo del ejército aqueo; yo, Taltibio, a quien tú conoces, ¡oh mujer!, vengo a anunciarte una ley sancionada por todos los griegos.
HÉCUBA
Esto, esto, ¡oh amigas!, es lo que temía hace tiempo.
TALTIBIO
Ya habéis sido sorteadas, si tal es la causa de vuestros temores.
HÉCUBA
¡Ay, ay de mí! ¿A qué ciudad de la Tesalia, de la Ftía o de la Beocia, a qué ciudad iré, di?
TALTIBIO
Cada cual ha tocado a distinto dueño; una sola suerte no ha decidido a la vez de todas.
HÉCUBA
¿Y a quién servirá cada una? ¿Cuál de las hijas de Ilión ha sido afortunada?
TALTIBIO
Lo sé; pero pregúntamelo poco a poco, no todo a un tiempo.
HÉCUBA
¿Quién será el dueño de mi hija? Di, ¿quién será el dueño de la mísera Casandra?
TALTIBIO
La eligió para sí el rey Agamenón.
HÉCUBA
Para ser esclava de su lacedemonia esposa.[25] ¡Ay de mí, ay de mí!
TALTIBIO
No; ocultamente le acompañará en su lecho.
HÉCUBA
¿La virgen de Febo, a quien el dios de cabellos de oro concedió el don de vivir sin esposo?[26]
TALTIBIO
Hiriole el Amor, y se apasionó de esa fatídica doncella.
HÉCUBA
Deja las sagradas llaves, hija, y las guirnaldas, también sagradas, que te adornan.
TALTIBIO
¿No es acaso honor insigne compartir el lecho del rey?
HÉCUBA
¿Y dónde está mi hija, la que me arrancasteis ha poco de los brazos?
TALTIBIO
¿Me preguntas por Políxena, o por alguna otra?
HÉCUBA
¿De quién será esclava?
TALTIBIO
La han destinado al servicio del túmulo de Aquiles.[27]
HÉCUBA
¡Ay de mí! ¡La que di a luz destinada a servir a un sepulcro! Pero ¿qué significa esa ley de los griegos? ¿Qué esa costumbre, ¡oh amigo!?
TALTIBIO
Alégrate de la dicha de tu hija; su suerte es buena.
HÉCUBA
¿Qué has dicho? ¿Ve el sol mi hija?
TALTIBIO
Esclava es del destino, que la libra de males.
HÉCUBA
¿A quién tocó la mísera Andrómaca,[28] esposa de Héctor, el de la broncínea loriga?
TALTIBIO
El hijo de Aquiles la eligió también para sí.
HÉCUBA
Y yo, ¿cúya esclava soy, cuando para sostener mi blanca cabeza necesito de un báculo que me ayude a andar?
TALTIBIO
Odiseo, rey de Ítaca, es tu dueño, y tú serás su esclava.
HÉCUBA
¡Ay, ay de mí! Golpea tu cabeza rasurada, desgarra con las uñas tus mejillas. ¡Ay, ay de mí! La suerte me obliga a servir a un hombre abominable y pérfido, enemigo de la justicia, que desprecia las leyes, y todo lo trastrueca y resuelve con su engañosa lengua haciéndonos odiar lo que más amábamos. ¡Lloradme, oh troyanas! ¡Yo he muerto, desventurada de mí! ¡Yo he muerto! ¡No puede ser más funesto mi destino!
EL CORO
Ya sabes, ¡oh mujer venerable!, lo que te aguarda; pero ¿cuál de los aqueos o de los griegos es mi dueño?
TALTIBIO
¡Ea, servidores!; llevaos de aquí cuanto antes a Casandra, para que yo la entregue a nuestro general, y las demás a sus distintos dueños. ¡Ah! ¿Qué antorcha arde allá dentro? ¿Incendian las troyanas la tienda, o qué hacen? ¿Quizá por no ir a Argos desde aquí se abrasan voluntariamente, ansiosas de morir? Trabajo nos cuesta, cuando somos libres, sufrir tales desdichas. Abre, abre, no sea que su interesada resolución perjudique a los griegos y me obliguen a responder de ella.
HÉCUBA
No es eso; nada incendian; es mi hija Casandra que, arrebatada por su delirio, viene hacia aquí corriendo.
CASANDRA[29]
_Estrofa._ — Levántala en alto, vuélvela a un lado, trae la luz; mirad, mirad; yo venero con antorchas, yo ilumino este templo. ¡Oh Himeneo, oh rey Himeneo! Feliz esposo y feliz yo, que entre los argivos celebraré nupcias reales. ¡Oh Himeneo, oh rey Himeneo! Ya que tú, ¡oh madre!, lloras y suspiras por mi difunto padre, por mi patria amada, yo, en mis bodas, enciendo esta antorcha en loor tuyo, para que tú brilles. ¡Oh Himeneo, Himeneo! Derrama tu luz, ¡oh Hécate!, y alumbra las nupcias de las vírgenes, según costumbre.
_Antístrofa._ — Que tu pie hienda el aire, ¡oh tú que vas al frente de los coros! ¡Viva, viva, viva, como en los tiempos en que era feliz mi padre! Sagrado es el carro, guíalo tú, Febo: en tu templo, ceñida de laurel, yo soy sacerdotisa, Himeneo, ¡oh Himeneo, Himeneo! Danza, madre, alza tu pie, danza conmigo a uno y otro lado, que mi amor es grande. Celebrad el himeneo de la esposa con alegres cantares y sonoros vítores. Andad, vírgenes frigias de bellos mantos; cantad al esposo destinado fatalmente a acompañarme en el lecho, después que se celebren nuestras bodas.
EL CORO
¿No sujetarás, ¡oh reina!, a esa doncella delirante, no se precipite en su veloz carrera en medio del ejército argivo?
HÉCUBA
Tú, Hefesto, llevas sin duda la antorcha en las nupcias de los mortales; pero funesta es la llama que agitas ahora y contraria a nuestras pomposas esperanzas. ¡Ay de mí, hija! ¡Cómo había yo de pensar en cierto tiempo que celebraras estas bodas entre soldados enemigos y bajo la lanza argiva! Dame la antorcha, que la tuerces, ¡oh hija!, corriendo delirante a una y otra parte, y todavía no está sano tu juicio. Guardadla (_da la antorcha a sus servidores para que la guarden en la tienda_), troyanas, y contestad con lágrimas a sus cánticos nupciales.
CASANDRA