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Part 22

[76] Llama Cronio a Zeus, porque fue hijo de Cronos y de Rea.

[77] Estas palabras se dirigen a Príamo.

[78] La conclusión de esta tragedia con el incendio de Troya y su ruina, nos prueba que el arte escénico llegó entre los griegos a grande altura, o, por lo menos, que no se escaseaban los gastos en este género de espectáculos, puesto que como las tragedias se representaban de día y al aire libre, no podía haber entre ellos las imitaciones que entre nosotros, y era preciso hacer todo esto a lo vivo, o lo que es lo mismo, pegar fuego a la ciudad entera, que debía verse en lontananza.

[79] Anfitrión, rey de Tirinto, en la Argólida, hijo de Alceo, nieto de Perseo y esposo de Alcmena, hija de Electrión, rey de Micenas. Habiendo matado a su suegro en una disputa, huyó a Tebas, y mandó los ejércitos tebanos en diversas expediciones militares, que le hicieron célebre, si bien favorecieron los proyectos amorosos de Zeus, pues este, tomando su forma, visitó varias veces el lecho de su esposa. Alcmena dio a luz dos hijos: Heracles, que lo era de Zeus, e Ificles, de Anfitrión.

[80] De este Alceo, rey de Tirinto, tomó Heracles el nombre de Alcides.

[81] Perseo, hijo de Dánae y de Zeus, que, transformado en lluvia de oro, penetró en su palacio y la sedujo. Sabedor Acrisio de la deshonra de su hija Dánae, la arrojó a las olas con su hijo, y fueron llevados por ellas a Serifos, en donde su rey Polidectes los socorrió. Ya hombre, Perseo libró a su madre de la brutal lujuria de su protector, venció a las Gorgonas y cortó la cabeza de Medusa, de cuya sangre nació el caballo alado Pegaso. Montado en él libró a Andrómeda de un monstruo marino, y se casó con ella. Mató involuntariamente con el disco a su abuelo Acrisio, le sucedió en el trono de Argos, y fue padre de Esténelo y de Electrión.

[82] Ya en _Las Fenicias_ hemos hablado de este dragón y de los hijos de sus dientes, así como de Creonte, hijo de Meneceo.

[83] Este Euristeo es el famoso hijo de Esténelo, rey de Micenas, a quien obedeció siempre Heracles por haber nacido algunas horas después. Por su orden ejecutó sus famosos trabajos.

[84] El Ténaro era un promontorio de la Laconia en su costa SO, a cuyo pie se veía una caverna que despedía vapores mefíticos, por lo cual se le miraba como la entrada de los infiernos.

[85] Sobre Dirce y Anfión y Zeto, véase _Las Fenicias_.

[86] Habla irónicamente.

[87] Minias, nombre común a los habitantes de Yolco, en la Tesalia, y a los de Orcómeno, en Beocia. Anfitrión alude a estos últimos, a quienes venció Heracles, libertando a los tebanos de la obligación de pagarles cierto tributo.

[88] Los tafios o teléboas habitaban en las pequeñas islas del mismo nombre, entre la Acaya y Léucade, llamados así de Tafio y Teleboas, hijos de Poseidón, que reinaron en ellas. Fueron famosos piratas, vencidos por Anfitrión y los tebanos, por haber dado muerto a los hermanos de su esposa Alcmena.

[89] El coro alude a los hijos de Heracles.

[90] La famosa hidra de Lerna tenía un cuerpo con cien cuellos, rematando en otras tantas cabezas, que renacían duplicadas al cortarse. Cuando Heracles combatió con ella, y a fin de evitar esta funesta reproducción, empleó a su escudero Yolao en cauterizar las heridas que le hacía. Heracles mojó en la sangre sus flechas, que desde entonces fueron mortales.

[91] El león de Nemea era de monstruoso tamaño, y no se le podía herir ni con el hierro, ni con el bronce, ni con las piedras, y, por consiguiente, era necesario luchar con él a brazo partido. Escondíase en el monte Tretos, y desde su guarida devastaba todo el territorio comprendido entre Micenas y Nemea. Heracles lo persiguió, cerró la entrada de la caverna en donde habitaba, y lo ahogó en sus robustos brazos, llevando desde entonces consigo como un trofeo su hermosa y grande piel.

[92] En la guerra de los dioses y de los gigantes, junto a Palene, Heracles fue terrible auxiliar de los primeros.

[93] La guerra de Heracles y de los centauros fue de esta manera: un centauro, llamado Folo, que daba hospitalidad a Heracles, quiso obsequiarlo espléndidamente y para ello destapó un tonel de vino tan añejo como exquisito, cuyo aroma atrajo a la casa de Folo a todos los demás centauros, que a toda costa querían beber de él, oponiéndose Heracles y su huésped. Este se retiró al fin, y dejó al héroe con sus enemigos, trabándose al fin la batalla entre uno y otros, y siendo vencidos los segundos, a pesar del socorro que les dio su madre Néfele (_nube_).

[94] Foloe, monte de la Tesalia, próximo al Otris, en donde Heracles peleó con los centauros. Sid. en el _Paneg. de Mayor._, dice así:

_... non sic Pholoetica monstra_ _Atque Pelethronios Lapithas semelejus Evan..._

[95] Monte de la Eubea, llamada antiguamente Abántida, o país de los abantes. Homero nunca la denomina Eubea.

[96] Los abantes, valientes y belicosos, fueron un pueblo originario de Tracia que se estableció en la Eubea.

[97] Estos límites atlánticos son las columnas de Heracles, o estrecho de Gibraltar, la última tierra conocida de los griegos hacia el occidente. Así, cuando hablan de los límites atlánticos, es como cuando nosotros lo hacemos del Polo.

[98] Helicón, famoso monte de la Beocia, muy celebrado por los poetas.

Ovidio en sus _Metam._, lib. II, dice así:

_Virgineusque Helicon et nondum Oeagrius Haemus._

Y Estacio en su _Tebaid._, lib. VII:

_Horrent Tyrrhenos Heliconia plectra tumultus._

[99] El Parnaso, monte de la Fócida, consagrado a las musas, cuyas dos cumbres se llamaban Cirra y Nisa, según Juvenal y Lactancio. Virgilio en sus _Georg._, lib. III, dice así:

_Sed me Parnassi decerta per ardua dulcis raptat amor._

[100] Estas palabras del coro y las anteriores que Lico le dirige, parecen indicar que existían entre los tebanos dos distintos partidos, en uno de los cuales dominaban los ancianos, enemigos de Lico, y en el otro los jóvenes, sus favorecedores. Eurípides retrata así al vivo la situación especial de aquellas ciudades griegas, dominadas por facciones, ya para hacer resaltar los inconvenientes de los partidos políticos cuando el patriotismo no los contiene en ciertos límites, ya la tendencia natural que se observa en los ancianos a conservar lo antiguo, opuesta a la de los jóvenes, irreflexivos y ávidos de novedades.

[101] Eurípides, en boca de Mégara, habla como filósofo que rechaza los mitos y tradiciones, no como griego que les da crédito. Orfeo, antes que Heracles, bajó a los infiernos y volvió de ellos, y después Heracles y Odiseo, y entre los romanos Eneas, supuesto fundador de su ciudad.

[102] Aquí tenemos el fatalismo oriental, que lleva al hombre a la inercia y al aniquilamiento de su ser, aunque bajo otro aspecto pueda también inspirarle la indiferencia ante el peligro.

[103] Allá va esa tirada filosófica, que parece de Voltaire, nada propia, en verdad, de un espectáculo esencialmente religioso. Sin embargo, ahora al menos no está de todo punto injustificada, atendida la situación especial de Anfitrión y de sus nietos. Tampoco se puede negar que lo frecuente en tales casos es renegar de los poderes sobrenaturales, lo que por desgracia así sucede entre los gentiles como entre los cristianos, siendo de observar que semejantes impiedades prueban siempre lo que está muy lejos de pensar el que las profiere: la existencia de Dios o de los dioses.

[104] El plectro (en griego πλῆκτρον, de πλήσσω, hiero) era un pedacito de madera o de pluma, que servía para tocar la cítara. En el Vaticano se conserva un antiguo fresco de Pompeya, en el cual vemos una joven que toca la lira con su mano izquierda, y con la derecha hace vibrar las cuerdas con el plectro.

[105] Los centauros fueron hijos de Ixión y de una nube, que tomó la forma de Hera. En _La Ilíada_ de Homero, como hemos dicho antes, los que luchan con los centauros son los lapitas y su rey Pirítoo, ayudado de Teseo, no de Heracles.

[106] Famoso río de la Tesalia, que nacía en los confines de la Macedonia, corriendo entre el Olimpo y el Osa, y el célebre valle de Tempe. Desembocaba en el golfo Termaico, y se le miraba como a padre de Dafne, porque el laurel (δάφνη) abunda en sus orillas.

[107] El Pelión es un monte de la Tesalia, en la Magnesia, al S, especie de prolongación del Olimpo, que formaba un cabo. Fue obra de los gigantes para escalar el cielo.

[108] Hómola, monte de Tesalia, inmediato al Olimpo.

[109] Esta cierva de cuernos de oro habitaba en la Acaya y en Énoe (Argos). Uno de los trabajos de Heracles fue apoderarse de ella, y lo consiguió al cabo de un año, según unos aprisionándola en una red, según otros sorprendiéndola de noche, y según Eurípides matándola con sus flechas. Como su muerte no agradó a Artemisa, que se veneraba en Énoe, la aplacó ofreciéndosela en don.

[110] Diomedes, hijo de Ares, rey de la Bistonia (Tracia), tenía caballos antropófagos, de los cuales se apoderó Heracles, matando a su dueño y a los que los guardaban, y derrotando a los bistonios.

[111] Hebro, río de la Tracia que sale de los montes Ródope, corre primero hacia el E, después hacia el S, y desagua en el mar Egeo.

[112] Anauro, río de la Tesalia.

[113] Cicno, hijo de Ares, que residía en Anfanas, ciudad situada en la parte meridional de la Tesalia, cerca de Traquinia, ya en los confines de la Lócrida. Cicno era un bandido como Sinis y Escirón, que murieron a manos de Teseo. (V. el _Hipólito_).

[114] Atlas, hijo de Jápeto y de Clímene, y rey de la Mauritania, fue transformado en montaña por haber hecho la guerra contra los dioses en favor de los gigantes. Se cree que la fábula de que sostenía el cielo con los hombros proviene de sus conocimientos astronómicos, o de que, mirando los gentiles al monte Atlas como al más alto de la tierra, que tocaba al cielo, supusieron que lo sostenía. Heracles lo sustituyó en esta penosa tarea por algún tiempo.

[115] Mujeres guerreras que habitaban a las orillas del Termodonte, y que, según se dice, extendieron sus conquistas hasta las fronteras de la Asiria y del Tanais, y fundaron a Éfeso, Esmirna y Magnesia. Fueron vencidas por Heracles.

[116] La laguna Meótide, hoy mar de Azov, al N del Ponto Euxino, con el cual comunicaba por el Bósforo cimerio. El río más caudaloso que desagua un ella es el Tanais o Don.

[117] Este vestido de oro y este famoso tahalí estaban en poder de las amazonas y de su reina Hipólita, y fueron un presente de Ares, dios de la guerra. Acompañaron a Heracles muchos griegos, y su expedición es muy parecida a la de los argonautas.

[118] Gerión, hijo de Crisaor y de Calírroe, y rey de la Eritea o de las Baleares, gigante robustísimo de tres cuerpos, poseía grandes rebaños de bueyes, que alimentaba con carne humana. Guardábalos además un perro de dos cabezas y un dragón de siete. Heracles lo mató y se apoderó de sus bueyes. Diodoro de Sicilia enumera en este orden los trabajos de Heracles: 1.º, el león de Nemea; 2.º, la hidra de Lerna; 3.º, el jabalí de Erimanto; 4.º, la cierva de cuernos de oro; 5.º, las aves de la laguna Estinfalia; 6.º, los establos de Augías; 7.º, el toro de Creta; 8.º, los caballos de Diomedes; 9.º, las amazonas; 10, Gerión; 11, el cancerbero; 12, las Hespérides y Atlas. Eurípides ha omitido algunos y trastornado el orden en que los ejecutara, según convenía a su propósito.

[119] Otros dicen que Heracles recibió la clava de Hefesto, en recompensa de los servicios que prestó a los dioses en la guerra de los gigantes.

[120] Máxima epicúrea y doctrina moral filosófica, muy del gusto del vate de Canossa. Sin embargo, examinándolas sin pasión, podemos decir que no es tan perjudicial como a primera vista parece, porque la tristeza y la falta de salud, que tanto amargan la vida, suelen ser hijas de los excesos, los cuales deben evitarse, con arreglo a esta doctrina. Entre el ascetismo y estos principios no hay otra diferencia sino que, predicando el primero, no es tan fácil que sus prosélitos incurran en la exageración, al paso que las máximas epicúreas son resbaladizas de suyo.

[121] Zeus Salvador, Ζεὺς Σωτήρ, una de sus infinitas advocaciones. Según leemos en Pausanias, se veía en Tespias una estatua de bronce de este dios, que se le había consagrado por libertar a dicha ciudad de un terrible dragón. Tenía un templo en Argos, otro en Trecén, otro en Mantinea y otro en Megalópolis.

[122] Irónicamente.

[123] Conocida es la veneración que en Grecia y Roma se mostró a los ancianos. Aulo Gelio, II, 15, dice así: _Apud antiquissimos Romanorum neque generi neque pecuniæ præstantior honos tribui quam ætati solitus : majoresque natu a minoribus colebantur ad deum prope et parentum vicem : atque in omni loco, inque omni specie honoris priores potioresque habiti : a convivio quoque, ut scriptum est in antiquitatibus, seniores a minoribus domum deducebantur : eumque mores accepisse Romanos a Lacedæmoniis traditum est : apud quos Lycurgi legibus major omnium rerum honos majori ætati habebatur._

Juvenal en la sát. XIII, 54, dice también:

_Credebant hoc grande nefas, et morte piandum,_ _Si juvenis vetulo non adsurrexerat, et si_ _Barbato cuiqumque puer, licet ipse videret,_ _Plura domi farra, et majoris glandis acerbos._

[124] Elocuente testimonio de que nada hay nuevo en la tierra, cuando hace tantos años los revolucionarios obedecían a móviles interesados y egoístas, como ahora sucede con frecuencia. Y, en efecto, el hombre es siempre el mismo, y las mismas sus debilidades y pasiones.

[125] Los eruditos no están de acuerdo en este punto, y unos piensan que Heracles fue iniciado en los misterios de Eleusis antes de bajar a los infiernos, y otros que Eurípides, como Aristófanes en _Las Ranas_, habla de misterios infernales. Acaso los primeros fuesen necesarios para ser iniciados en los segundos, o que Eurípides hable en sentido figurado.

[126] Hermíone era una ciudad edificada en la misma península en que estaba Trecén, en la costa SE, a la falda del monte Pron. (Pausanias, II, c. 35, pág. 191). Después dice así este autor: «Es digno de verse el templo de Deméter, situado en la cima del Pron, construido por Clímeno, hijo de Foroneo, y por su hermana Ctonia... Detrás del templo hay dos explanadas, que se denominan de Hades y de Clímeno, y después la laguna Aquerusia, cercada de un muro de piedra. En la explanada de Clímeno hay una sima por la cual sacó Heracles al Cancerbero, según cuentan los habitantes de Hermíone».

[127] De buen grado sonreímos observando el placer de los héroes de la antigüedad cuando se ven libres del infierno. Natural era, en efecto, que así sucediese, porque, entre otras cosas, eran muy amantes del sol y de la luz, y en el palacio y en el reino de Hades se vivía en las tinieblas.

[128] Horacio, en su _De Arte Poet._ (169-175), dice a este propósito:

_Multa senen circumveniunt incommoda, vel quod_ _Quærit, et inventis miser abstinet, ac timet uti;_ _Vel quod res omnis timide, gelideque ministrat;_ _Dilator, spe longus, iners, avidusque futuri,_ _Difficilis, querulus, laudator temporis acti_ _Se puero, censor, castigatorque minorum._

[129] Mnemósine, hija de Urano. Enamorose de ella Zeus, y de estos amores nacieron las nueve musas, llamadas también piérides, porque vieron la luz en el monte Piero. Mnemósine era la Memoria. Eurípides dice en otra tragedia que la madre de las musas fue Harmonía, la esposa de Cadmo.

[130] Delos, una de las Cícladas, en donde Leto, perseguida por mar y tierra por la celosa Hera, dio a luz a Artemisa y Apolo. Poseidón se apiadó de ella e hizo brotar a Delos del seno de los mares.

[131] Esta fábula del canto del cisne antes de morir, tan en boga hace muchos siglos, es una pura ficción de los poetas, porque nunca canta. Su voz, como la de todos los palmípedos, es áspera y desagradable.

[132] El texto griego dice terminantemente ὄλβου κελαινὸν ἅρμα, el negro carro de la felicidad. El epíteto κελαινόν parece impropio a primera vista, porque debiera ser lo contrario; pero en nuestro concepto no lo es, porque el poeta, al llamarle κελαινόν, _negro_, _horrible_, _sombrío_, no se refiere al color o aspecto del carro antes de romperse, sino después de roto, y ya desde entonces debe serlo así para el que lo poseyó.

[133] Coronábanse los griegos y usaban guirnaldas de flores en sus fiestas, danzando y cantando en coros, a semejanza de los que formaban las ninfas y las musas. Por esta razón los ancianos invitan a las de los parajes vecinos más famosos a compartir su alegría. El Asopo era un río de la Beocia, hijo del Océano y de Tetis, que tuvo veinte hijas y dos hijos; el Ismeno, otro río que corría cerca de Tebas. Las rocas de Apolo son las de su templo de Delfos, o el Parnaso con sus dos cumbres.

[134] Iris, hija del centauro Taumante y de Electra, mensajera de los dioses, y especialmente de Hera, que la transformó en el arco llamado Iris, llevándola al cielo. La Locura es un ser alegórico.

[135] La celosa Hera, perseguidora incansable de las amadas de su celestial esposo, no ofendió a Heracles, hijo de Zeus y de Alcmena, mientras obedeció las órdenes de Euristeo, esperando que perecería en alguna de sus arriesgadas empresas. Ahora que se ha salvado de todas y ganado inmensa gloria, firme en su propósito de perderlo, trama su ruina y la de toda su estirpe.

[136] Cuando leemos estas palabras que Eurípides pone en boca de la Locura, nos parece que asistimos a la representación de los dramas religiosos que tan en boga estuvieron en otro tiempo. En el _Prometeo encadenado_, de Esquilo, aparecen también la Fuerza y la Violencia. Así es que los griegos son muy dignos de estudio, porque entre ellos encontramos en germen todas las invenciones dramáticas de los tiempos posteriores. Y esto que afirmamos de un género literario, es extensivo a todos los demás, como sucede también en la Filosofía y en la Política, pues que muchas ideas nuevas, o que pasan por tales en ambas esferas, fueron ya conocidas entre ellos.

[137] Las Gorgonas eran hijas de Forcis y Ceto, y se llamaban Esteno, Euríale y Medusa. Habitaban cerca del jardín de las Hespérides, y su aspecto era tan horroroso que convertían en piedras a los que las miraban. Perseo las mató con ayuda de Atenea, y esta, en trofeo de su victoria, puso la cabeza de Medusa en su égida.

[138] El tímpano y el tirso eran instrumentos de que usaban los gentiles en las fiestas de Dioniso. El primero era exactamente igual a nuestros panderos o panderetas, adornados también con cascabeles, y se tocaba con la mano o con un pedacito de madera. El tirso era un palo largo en cuya extremidad se sujetaba una piña u hojas de yedra o de parra, formando ramillete.

[139] Encélado, terrible gigante, hijo del Tártaro y de la Tierra, vencido por Atenea en la guerra de los titanes y los dioses. Zeus lo sepultó en las entrañas del Etna, y cuando se revuelve tiembla la Sicilia. Es el mismo de quien nuestro Herrera dice en su oda _A don Juan de Austria_:

Cuando con resonante Rayo y furor del brazo impetuoso. A Encélado arrogante Júpiter poderoso Despeñó airado en Etna cavernoso.

[140] Siempre que se derramaba sangre humana creían los griegos que se manchaba el que la tocaba y el lugar en que se vertía, y, por consiguiente, era preciso purificarlo, ya haciendo un sacrificio, ya fumigaciones religiosas. En el primer caso, todos los asistentes rodeaban el altar, y un esclavo, llevando el cesto donde se guardaba el cuchillo del sacrificio, la ceniza y las coronas, daba una vuelta alrededor, de izquierda a derecha. El sacrificador entonces imponía silencio (en latín _favete linguis_) y, cogiendo un trozo de leña encendido, lo sumergía en el agua lustral, y rociaba con ella a los circunstantes. Este agua servía después a todos, y se llevaba con el cesto y la ceniza en torno del ara. Seguía a esto la oración, después la consagración de la víctima, poniéndole ceniza en la frente y arrojando al fuego parte de su lana o crin, y por último, el sacrificio.

[141] Mégara. Niso, hijo de Pandión, tenía entre sus cabellos uno color de púrpura, de cuya existencia dependía la conservación de su reino. Cuando Minos, rey de Creta, puso sitio a Mégara, Escila, hija de Niso, enamorada del sitiador, cortó el cabello purpúreo de su padre y lo dio a Minos, que se apoderó de la ciudad y desdeñó a la traidora doncella. Los dioses convirtieron a Niso en gavilán y a Escila en alondra.

[142] Las cuarenta y nueve hijas de Dánao, que degollaron a sus esposos la noche de bodas. (V. _Las Fenicias_).

[143] Procne, hija de Pandión, rey de Atenas, se casó con Tereo, rey de Tracia, y tuvo un hijo llamado Itis. Su esposo violó a Filomela, su cuñada, arrancándole después la lengua para que no lo supiese Procne. Esta precaución bárbara fue inútil, sin embargo, porque lo supo la agraviada esposa. Para vengarse mató a Itis, sirviéndoselo a su marido en un festín. Los dioses convirtieron a Procne en golondrina, a Filomela en ruiseñor y a Tereo en abubilla.

[144] Indudablemente debieron formar un cuadro trágico por excelencia los cadáveres de los hijos de Heracles no lejos de su padre, entregado al sueño y sujeto con cuerdas a una columna, el mísero Anfitrión y el coro de ancianos. No sabemos que en ninguna de las obras que tratan de la literatura dramática griega se haya llamado la atención hacia esta tendencia artística de los griegos, que hoy se denomina plástica, y que está tan en consonancia con sus ideas y costumbres.

[145] Este símil de la nave es muy frecuente en Eurípides, y podríamos indicar muchos pasajes de sus tragedias en que se repite casi en los mismos términos. Sabido es que los atenienses eran un pueblo muy dado a la navegación y al comercio y la primera potencia marítima de la Grecia, y que sus comparaciones habían de ser análogas a sus costumbres.

[146] Esta sobriedad que muestran los griegos en sus composiciones dramáticas es muy notable en más de un concepto, porque nos revela su depurado gusto en tales materias. Heracles despierta poco a poco, y al pronto no conoce a sus hijos, atento solo a las palabras de Anfitrión, que lo prepara antes de oír la horrible nueva. Otro poeta no lo hubiera hecho así: Heracles despertaría de repente, reconocería a sus hijos, y atado a la columna daría voces y horribles lamentos.

[147] Todos los héroes y heroínas de la antigüedad pagana, así los griegos como los romanos, apelan al suicidio cuando la desesperación los agobia, y especialmente cuando la vergüenza los mueve. Áyax en Sófocles, Fedra en Eurípides, y los ilustres suicidas romanos, prueban todos a una que lo que nosotros miramos como un crimen, casi era para ellos una virtud. Recuérdese que en los distintos poemas en que los héroes descienden a los infiernos, nunca se hace mención de la pena que sufren los suicidas. Esto debe atribuirse, en nuestro juicio, a sus ideas religiosas, porque el arrepentimiento no era entre ellos una de las más estimables virtudes, y a sus nociones confusas de los premios y castigos de la otra vida, y en parte también a su amor exclusivo a la patria, pues fuera de ella no esperaban gloria ni salud, y a cierto deseo del renombre que les daba su muerte.