Part 23
[148] Teseo y Heracles eran primos segundos, porque Etra, madre del primero, fue hija de Piteo, y Alcmena, madre del segundo, de Lisídice, y Piteo y Lisídice, hijos de Pélope e Hipodamía.
[149] M. Artaud, en sus notas a esta tragedia, II, 430, dice así: _Ce dialogue entre Amphytrion et Thésée est un chant lyrique: il est probable que les paroles de Thésée font allusion au mode lugubre sur lequel Amphytrion a entonné son chant_. Parécenos, sin embargo, que se equivoca este ilustrado traductor de Eurípides, porque ni el metro nos autoriza a pensar que exista tal canto lírico, ni hay necesidad de semejante hipótesis para explicar las palabras de Teseo. Basta el tono con que se pronuncian las palabras, y el gesto y expresión, para indicar el afecto que domina a quien habla, ya de tristeza, de alegría o de otra pasión cualquiera.
[150] Otra vez nos vemos obligados a citar a M. Artaud, y no para alabarlo, como quisiéramos y como lo hemos hecho otras veces. El texto vulgar griego dice así:
Μαινομένῳ πιτύλῳ πλαγχθεὶς, ἑκατογκεφάλου βαφαῖς ὕδρας.
(_Furioso stimulo agitatus, venenis hydræ centipitis_). Su traducción por el escritor citado es la siguiente: _C’est dans l’égarement de sa fureur, causé par les poisons de l’hydre aux cent têtes_. Esta versión, demasiado literal, no expresa el pensamiento del poeta, porque el sentido es absurdo. De la tragedia se desprende claramente que la locura de Heracles es obra de la vengativa y celosa Hera, nunca del veneno de la hidra de Lerna. Tampoco puede deducirse así de la tradición mitológica, porque a dicho veneno no se le atribuye más virtud que la de matar a aquellos a quienes hería la flecha empapada en él. Nosotros creemos que la respuesta de Anfitrión comprende dos partes, que es preciso entender de distinta manera: la primera, Μαινομένῳ πιτύλῳ πλαγχθεὶς, _furioso stimulo agitatus_, se refiere a Heracles, y la segunda, ἑκατογκεφάλου βαφαῖς ὕδρας, _venenis hydræ centipitis_, es la contestación a la pregunta de Teseo: δράσας.
[151] En estos campos de Flegra, cerca de Cumas, se dio la batalla entre los dioses y los gigantes. Llamáronse así porque abundaba en ellos el azufre, y porque se ven llamas, que provienen de la combustión natural de esta sustancia.
[152] Cuando Anfitrión traía los rebaños de bueyes de Electrión, padre de Alcmena, que habían robado los teléboas, lanzó su maza contra un buey que se había separado de sus compañeros, acertándole en los cuernos, y de rechazo, hirió en la cabeza a su suegro, dejándole muerto. Es necesario tener esto presente, y entender lo que dice Heracles de Anfitrión en el sentido de que, siendo desafortunado el tronco de un linaje no criminal, sus descendientes también lo son. De otra suerte no se comprendería que así tratase a su padre.
[153] Cuando su madre Alcmena vio las dos serpientes que amenazaban en la cuna a su hijo, entonces de ocho meses, comenzó a dar gritos horrorizada; pero Heracles se incorporó, y estrechándolas entre sus manos, ahogó a ambas.
[154] Este Tifón, dios egipcio, hermano de Osiris, aparece también en la mitología griega como el principal gigante que hizo la guerra a los dioses. Fue padre de Gerión y del Cancerbero, y yacía vencido por Zeus bajo el Etna o bajo la isla Inarime.
[155] Los homicidas sufrían por cierto tiempo la pena del destierro, y no volvían a su patria hasta después de haberse purificado. Cuando el muerto era pariente del asesino y habían de perseguirlo las Furias, todos estaban obligados a huirlo para no mancharse con su contacto.
[156] Todo esto parece rezar con Zeus, que se casó con su hermana Hera y cargó de cadenas a su padre Cronos por reinar en el cielo. Indudablemente este diálogo es un anacronismo, por razonable que nos parezca, pues Heracles y Teseo no hablaron nunca, o no debieron hablar así. Dedúcese de las frases osadas e irreligiosas de Eurípides, que oye un pueblo entero en una fiesta popular y consagrada al culto, cuáles debían ser las creencias del auditorio y la honda brecha que la filosofía había hecho en el politeísmo. Los dioses no solo cometen verdaderos crímenes, según afirma el poeta, sino que tal es su moralidad que ni aun se inquietan ni afligen por esto. No se puede decir más porque tales dioses ni podían ni debían ser adorados.
[157] Este es el complemento filosófico de lo dicho antes por Teseo acerca de los dioses. A la noción politeísta, desfigurada por los poetas y por la imaginación popular, cuya existencia combate Eurípides, sustituye esta otra idea más elevada de Dios, que revela sin ambages una nueva creencia. Probable parece que este trágico la aprendiera en la escuela de Anaxágoras, cuyas persecuciones provinieron principalmente de la osadía y entereza que desplegó atacando las preocupaciones religiosas populares, y defendiendo doctrinas monoteístas mucho más racionales y sensatas.
[158] Es muy bella esta despedida de Heracles, por la ternura que respira y por los sentimientos que expresa. No es posible negar que Eurípides, siempre que quiere, y cuando no lo arrastra su filosofismo o sus pretensiones oratorias, es incomparable en la pintura de afectos. Poseía a raudales ese raro e inapreciable don de sentir cierto orden de belleza moral que nace con el hombre y no puede adquirirse con el estudio.
[159] Por su candor, naturalidad y sencillez nos agradan estas palabras de Heracles y Teseo. Viendo este a su amigo agobiado por tan grandes calamidades, le recuerda sus gloriosas empresas e inolvidables trabajos, más bien para infundirle fortaleza que para humillarlo, y Heracles, algo picado por el recuerdo, lo reconviene de manera que le obliga a callarse.
[160] _Vorlesungen über dramat. Kunst und Literatur_, IX. pág. 161. La traducción francesa de esta obra notabilísima se ha agotado hace ya tiempo.
[161] Argos fue fundada por Ínaco hacia el año 2000 antes de J. C.
[162] El fenicio Ínaco, padre de Ío y de Egialeo, dio su nombre a este río de la Argólida (hoy Najo o Planizza), que corre de N a S, pasa por Argos y desagua en el golfo Argólico.
[163] Este rey, el último de Ilión y descendiente de Dárdano, fundador de su linaje, murió al pie del ara de Zeus Herceo, adonde se había refugiado, a manos de Pirro o Neoptólemo, hijo de Aquiles.
[164] El texto griego dice ὑψηλῶν δ᾽ ἐπὶ ναῶν, en los elevados templos, porque los de Zeus, Hera y Atenea, según Vitruvio, se edificaban generalmente en las eminencias. Adviértase que Hera era adorada generalmente en Argos, y que, como sucede entre nosotros, se depositaban en los edificios consagrados al culto los trofeos de los enemigos.
[165] De todos estos personajes hemos hablado ya en nuestras notas al _Orestes_.
[166] Este pretexto, como puede verse en el _Agamenón_ de Esquilo, y más adelante en esta misma tragedia (versos 1010-1014), fue el sacrificio en Áulide de Ifigenia, hija de Clitemnestra y de Agamenón. En Esquilo se atribuye también a sus celos de Casandra, esclava hija de Príamo, que trajo de Troya.
[167] Electra pronuncia aparte estas palabras que encerramos en un paréntesis, porque de otra manera no se podría suponer que diga en ellas delante de su esposo que no lleva el cántaro en su cabeza obligada por la necesidad, y poco después lo contrario.
[168] Los griegos se rasuraban el cabello en señal de duelo, y lo ofrecían a los manes de sus parientes muertos, como hace aquí Orestes.
[169] El mesodo (en griego μεσῳδός) significa propiamente _entrecanto_. Era una especie de estribillo o canto corto que se halla entre las estrofas.
[170] Esquilo refiere en _Las Euménides_ la muerte de Agamenón a su vuelta de Troya. Al salir del baño, su esposa Clitemnestra lo envolvió en una red, y ella y Egisto lo cosieron a puñaladas.
[171] El palio (φᾶρος, ἱμάτιον) era un paño grande de lana, cuadrado o cuadrilongo, que se sujetaba en la garganta o en el hombro con un broche. A veces era el único vestido que cubría el cuerpo; pero generalmente se ponía encima de la túnica. Se llevaba de distintas maneras, según el capricho de su dueño o la estación del año.
[172] En todas las casas había a la puerta una estatua de Febo, θυραῖος o ἀγυιεύς. (V. nuestra nota a _Las Fenicias_).
[173] Esto es, que varía de residencia, errando de una ciudad en otra, por lo cual es más triste su condición.
[174] De Orestes.
[175] En efecto, no se podía llevar más lejos la continencia, lo cual, si choca a nosotros, más extraño debía parecer a su auditorio, poco acostumbrado a la práctica de esa virtud. Así lo siente Eurípides, y de aquí sus esfuerzos para hacer más verosímil su singular ficción, hija solo de su deseo de no imitar en nada a Sófocles y Esquilo.
[176] Porque ni era su padre, ni la casó como debía, sino con la dañada intención de envilecerla.
[177] La malevolencia de Eurípides al bello sexo no puede ocultarse, porque, ansioso de ofenderlo, no teme faltar a la verdad. Ordinariamente sucede lo contrario.
[178] Estas frases bárbaras y desnaturalizadas, y en boca de una virgen como Electra, de regia estirpe o hija del ínclito Agamenón, nos repugnan hasta lo sumo. No cabe belleza de ningún género en este espectáculo, cuando hasta tal punto se atropellan los sentimientos naturales, y sabiendo sobre todo que el poeta no cree en la influencia del destino, ni el pueblo que lo escucha. Cualquiera diría que su objeto, más que revestir con los gratos colores de la poesía estas tradiciones populares, es hacerlas odiosas a toda costa.
[179] El texto griego dice así:
οὐ γὰρ οὐδ’ ἀζήμιον γνώμην ἐνεῖναι τοῖς σοφοῖς λίαν σοφήν.
La traducción de M. Artaud es la siguiente:
_Une sagesse trop raffinée chez les sages n’est pas non plus sans dangers._
Hartung lo traduce de esta otra manera:
_Ohne Schmerzen ist es nicht, Dass höhre Einsicht Menschen über andre hebt._
El pensamiento del autor parece ser, o que en igualdad de circunstancias el hombre más civilizado es más sensible que el inculto y el muy sabio más que el civilizado, o que el exceso de sabiduría tiene, entre otros inconvenientes, el de afectar más el alma, porque cuanto más sabio es el hombre mejor conoce la extensión y alcance de una desdicha.
[180] Las de oír a Electra.
[181] Electra alude aquí a su situación excepcional de ser casada y virgen, y a esto atribuye su aislamiento, pues siendo virgen no puede concurrir con ellas a las fiestas, porque no pasa por tal, ni tampoco con las matronas, porque su conciencia se lo impide, sabedora de su virginidad. Esta es también la causa de que huya de Cástor (hijo, como su madre, de Zeus y de Leda, que es mortal y dios de año en año), pues para él ya no es virgen, habiéndose casado con el colono.
[182] De molde viene aquí a Eurípides esta ocasión para disertar un poco sobre la nobleza, la virtud y el valor, aunque ni la situación de los personajes lo consienta ni lo exija, ni tal disertación aumente en lo más mínimo los quilates de la tragedia. Nuestra opinión en este particular es que deben mirarse como síntoma de decadencia literaria estos esfuerzos de los escritores en poner de relieve su persona o sus ideas siempre que se trate de una fábula (llámesele drama, epopeya o novela), en la cual, a ser posible, se debería suprimir hasta el recuerdo de su existencia.
[183] Según dice Pausanias, el Tanao es un río poco caudaloso que riega las fronteras de la Argólida y desagua en el golfo Tiríntico.
[184] Sabida es la fábula de Arión, el poeta músico griego, que se supone autor del ditirambo, su viaje a Italia con Periandro, rey de Corinto, su exposición de ser robado a la vuelta, codiciosos los marineros de las riquezas que traía, y el medio de que se valió para librarse de la muerte, tocando la lira y precipitándose al mar, en donde lo recogió un delfín, llevándolo ileso hasta el cabo Ténaro, en la Laconia.
[185] Estas famosas armas fueron un presente que Hefesto hizo a Aquiles, el hijo de Tetis, y la causa de la locura de Áyax cuando, a la muerte de su dueño, fueron adjudicadas a Odiseo.
[186] El Osa es un monte de la Tesalia, en la Magnesia, a lo largo del golfo Termaico, célebre porque en él habitaron los centauros, y por ser uno de los que levantaron los gigantes para escalar el cielo.
[187] Quirón, centauro, hijo de Cronos y de Fílira, gran cazador, médico y astrónomo famoso. Habitaba en el monte Pelión, en la Tesalia, y fue maestro de Heracles y de Odiseo. Herido por una flecha empapada en la sangre de la hidra de Lerna, murió y fue trasladado al cielo, en donde forma el signo de Sagitario.
[188] Maya, una de las Pléyades, hija de Atlas y de Pléyone, fue amada por Zeus, de quien tuvo a Hermes.
[189] Las Pléyades, cuyo nombre proviene, según unos, de su madre Pléyone, según otros del verbo griego πλέω (navego), porque transformadas en astros se muestran en la época más favorable a la navegación, fueron hijas de Atlas y de Pléyone, como queda dicho. Eran siete: Maya, Electra, Táigete, Astérope, Mérope, Alcíone y Celeno.
[190] Véase _Las Fenicias_. Esta presa era los caminantes, que llevaba en sus garras cuando no acertaban sus enigmas.
[191] La Quimera, hija de Tifón y de Equidna, tenía la cabeza de león, la cola de dragón y el cuerpo de cabra, y vomitaba llamas. Denominose también así un monte de la Licia, en donde, según se dice, hubo un volcán que dio origen a esta fábula. Murió a manos de Belerofonte, que la atacó montado en el caballo Pegaso.
[192] El pañuelo no era, sin duda, conocido de los antiguos griegos.
[193] La malignidad de Eurípides y su envidia a Esquilo aparecen claramente en esta crítica que hace de la _Electra_ de aquel poeta. La semejanza que en ella encuentra esta heroína entre su cabello y sus huellas con las de su hermano le bastan para afirmar su proximidad y después reconocerlo. Pensamos, sin embargo, que no es esto tan pueril como se supone, y que Esquilo, habiendo trazado a valientes rasgos el carácter de Electra, doncella vehemente, apasionada y cuya imaginación solo piensa en su padre y en Orestes, preocupada constantemente con la idea de su venganza, crea que el cabello y las huellas que ha visto junto al sepulcro de Agamenón pertenecen a su hermano. De todas maneras, ni al poeta ni a la composición conviene descender a estas críticas literarias, que rebajan la elevación necesaria en uno y otra.
[194] Esta invención de la señal o cicatriz de Orestes no tiene el mérito de la originalidad, porque es una imitación de la escena que leemos en el canto XIX de _La Odisea_, cuando la nodriza de Odiseo lo reconoce al lavarse, viendo la que le hizo el jabalí del Parnaso al visitar este héroe a Autólico y sus hijos.
[195] La palma (φοῖνιξ, _phœnix dactylifera_) símbolo de la victoria entre griegos y romanos, a causa de su mucha elasticidad y de la resistencia que opone al que intenta romperla. (Aulo Gel., III, 6). Dábase como premio a los atletas y conductores de carros que vencían a sus adversarios, como dice Horac., IV, 2: _Sive quos Elea domum reducit palma cœlestes_; y de aquí, por extensión, a todo el que triunfaba.
[196] Era costumbre de los griegos invitar al sacrificio a los caminantes o extranjeros que llegaban en el momento de celebrarlo, porque, como es sabido, los dioses solo saboreaban el humo que despedía la carne de las víctimas, y los sacrificadores la misma carne.
[197] Los gentiles, lo mismo que los hebreos, se purificaban con frecuencia, sobre todo en ciertos actos solemnes, simbolizando la pureza del alma o el deseo de adquirirla con la purificación del cuerpo. Entre los griegos, las paridas se purificaban a los diez días del parto, porque los nueve primeros son los de más peligro.
[198] Zeus fue padre de Tántalo, este de Pélope, Pélope de Atreo y Atreo de Agamenón, padre de Orestes y Electra.
[199] M. Artaud recuerda a este propósito que si Pan trajo esta cordera de vellón dorado, fue para vengar al cochero Mírtilo, a quien Pélope precipitó en la mar, porque uno y otro eran hijos de Hermes. Nosotros, en honor de la verdad, debemos decir que Apolodoro no hace a Pan hijo de Hermes, sino de Zeus, y que este es el padre que le dan los mitólogos. Dice así Apolod., _Biblioth._, cap. IV, pár. 2:
Ἀπόλλων δὲ τὴν μαντικὴν μαθὼν παρὰ Πανὸς τοῦ Διὸς καὶ Ὕβρεως
Para entender bien estos cantos del coro, es preciso recordar nuestras notas al _Orestes_, en donde se refieren las discordias de la casa de Pélope.
[200] Llamábase ágora, ἀγορά, la plaza pública de las ciudades griegas. Las más bellas y regulares, sobre todo las del Asia Menor, eran cuadradas; en la Hélade había muchas, cuya forma se ajustaba a la configuración del suelo; pero todas estaban rodeadas de pórticos, στοαί, compuestos de una o de dos filas de columnas, que terminaban en un terrado. Las antiguas ágoras no tenían pórticos continuos, sino que las atravesaban distintas calles. Tal era, entre otras, la plaza pública de Elis, descrita por Pausanias, l. VI, c. XXIV. En el ágora celebraba el pueblo sus asambleas; en ciertos casos, como en Megalópolis y en Atenas, una parte de los pórticos estaba dispuesta de tal manera que los magistrados podían administrar en ellos justicia. Dentro se elevaban los templos de muchas deidades, y altares y estatuas en honor de los dioses y de los ciudadanos que habían merecido bien de la patria. Algunos pórticos estaban decorados con pinturas, y en ese caso se llamaban _poeciles_, ποικίλια: eran verdaderos museos llenos de retratos de hombres ilustres, o conmemorativos de las hazañas más gloriosas de los ciudadanos. De estos monumentos no quedan ni en la Hélade ni en el Asia Menor sino restos incompletos. (Batissier, _Histoire de l’art monumental_, pág. 189).
[201] Amón, nombre de Zeus entre los pueblos de la Libia. Se le representaba de ordinario con cuernos de carnero. En los desiertos de la Libia tenía un celebérrimo templo, cuyos oráculos fueron muy famosos. Alejandro lo visitó, y corrompiendo a los sacerdotes, fue proclamado hijo del dios.
[202] Esto es, de Hades, el Zeus de las tinieblas, como el otro del cielo.
[203] Tal es el terror y la ansiedad de Electra que no reconoce a este mensajero, servidor de su hermano. Verdad es que nada tenía de extraño, pues solo lo había visto entre otros momentos antes, y cuando su ánimo, embargado por la alegría de ver a Orestes, no podía fijarse mucho en él.
[204] Alfeo (hoy Rufia), río de la Élide que nacía en la Arcadia, cerca de Megalópolis, pasaba por Herea, regaba las llanuras de Olimpia y de Pisa y desembocaba en el mar Jónico.
[205] Salsamola, harina de cebada tostada y espolvoreada de sal que se usaba en los sacrificios, y aun se ofrecía sola, y se esparcía sobre las víctimas. Compárese este sacrificio con el descrito en el _Heracles furioso_, advirtiendo que uno es propiciatorio y otro expiatorio.
[206] Este cuchillo dórico era grande, parecido al que usan nuestros carniceros para despedazar la carne. Hállase representado en muchos bajorrelieves de sepulcros, sobre todo en uno bellísimo de Pompeya.
[207] Los griegos medían a veces el tiempo ateniéndose al que se invertía en recorrer el estadio, ya por la frecuencia con que se celebraban entre ellos estos certámenes, ya para expresar con alguna novedad su pensamiento. Según Pausanias, la carrera a caballo del estadio era de dos diarcos, es decir, cuatro veces su longitud.
[208] No se sabe la diferencia que había entre el cuchillo dórico y el ftío, pero es de presumir que su distinta forma se adaptase a los dos diversos usos a que alude el poeta, y este último debía ser más pesado y fuerte que el primero.
[209] El Alfeo, como hemos dicho más arriba, pasaba por Olimpia, en donde se celebraban los famosos juegos. El anacronismo es evidente, pues los juegos comenzaron 775 años antes de Jesucristo, y la época en que se supone ocurrir la acción cae hacia el año 1180 antes de dicha Era.
[210] De su padre Estrofio el focidio.
[211] Este rencor inextinguible que Electra abriga contra Egisto hasta después de muerto, es repugnante e indigno de una doncella de su estirpe. Ni sus pasadas desdichas e intolerables agravios, ni su espíritu de venganza debían hallar satisfacción en proferir tales injurias contra un muerto. No obstante, el odio de la mujer, dado cierto carácter, es profundo y vehemente hasta el delirio, como lo probó Fulvia, la mujer de Antonio, atravesando con un punzón de oro la lengua de Tulio.
[212] Prosigue el poeta desenvolviendo en este diálogo el carácter de la virgen Electra, de la hija de Agamenón, descendiente de dioses, y en verdad que es poco feliz en esta parte, porque solo nos inspira el horror y el desprecio, y es infinitamente inferior a Esquilo, su odiado rival. La Electra de Esquilo es una especie de Medea, dominada como esta de un furibundo vértigo, ciega y desatentada, que asesina a su madre en uno de sus transportes. Esta, a pesar de los esfuerzos de Eurípides, nos parece fría, calculadora, egoísta, cruel e interesada, y, a nuestro juicio, como dijimos en el prólogo, una criminal tan despreciable como vulgar.
[213] Cástor y Pólux, los Dioscuros, hijos de Zeus, que eran para los marineros paganos lo que San Telmo para los nuestros, su protector y abogado.
[214] Ifigenia, la sacrificada en Áulide por Agamenón.
[215] Este largo discurso de Clitemnestra es ocioso e inoportuno, porque ni la ocasión es a propósito para pronunciarlo, ni lo exige el desarrollo del drama. Eurípides, sin embargo, a lo Voltaire, no pierde esta coyuntura de desahogar el odio que profesa a las mujeres y su animadversión a las tradiciones y héroes más venerandos, y examina con la impasibilidad de un filósofo las causas a que se atribuía el sitio de Troya y los sucesos que, como el sacrificio de Ifigenia, le precedieron.
[216] Casandra, la inspirada hija de Príamo, que, al finalizar el sitio de Troya, tocó en suerte a Agamenón, que la trajo consigo a su palacio. (V. el _Agamenón_, de Esquilo, y _Las Troyanas_, de Eurípides).
[217] Lo mismo que en _Hécuba_ esta y Poliméstor defienden su causa ante su juez Agamenón, y en _Orestes_ él y Tindáreo ante Menelao, así en esta tragedia Clitemnestra y Electra, madre e hija, atacan y defienden a su esposo y padre como si se hallasen en un juicio, lo cual prueba, o que el gusto del público había sufrido no poco detrimento, o que el poeta, recordándoles en sus tragedias espectáculos tomados de la vida real de los espectadores, buscaba por este medio atraerse sus simpatías con menoscabo de su fama y sin consideración alguna a la índole augusta y elevada de este linaje de composiciones, que nunca debía confundirse con la comedia.
[218] Dice bien Eurípides, porque la felicidad posible en la tierra no es hija de las riquezas ni de la nobleza, sino de la virtud y de la modestia. Ordinariamente, los que se casan con mujeres más ricas que ellos son esclavos, y los que lo hacen con nobles, si no lo son ellos, tenidos en poco, y una cosa y otra motivo continuo de disgustos. Creemos que fácilmente convendrán con nosotros los lectores en que una de las causas principales que contribuyen a la inmortalidad de ciertos poetas griegos y latinos es que sus sentencias son verdaderas y útiles casi siempre, interesantes a la vida humana y universales para todos los hombres y para todas las épocas y países. Muchas de ellas en su tiempo pudieron tener hasta el mérito de la novedad.