Chapter 2 of 68 · 224 words · ~1 min read

II.

España dió cuanto tenía á los países descubiertos por la intrepidez del gran Ligur: sus hombres de guerra y sus hombres de paz, su religión y sus costumbres. Los mismos Reyes quisieron dirigir la colonización, como hacía Augusto con los países agregados al Imperio. Si hubo sangre y estragos, ésto es propio de a conquista; si hubo frailes y togados intransigentes lo traía consigo la época, en la que la nota dominante era la intransigencia político-religiosa; si los guerreros eran crueles con sus enemigos, la tremenda lucha de ocho siglos con el agareno para recuperar el suelo de la patria había engendrado esos caracteres de hierro, los únicos que podían por aquel entonces atravesar por vez primera el _Mar Tenebroso_ y escalar heroicamente la cima de los Andes.

Dando España á América todo cuanto tenía ella en el siglo XV, natural y lógico era que tomaran carta de naturaleza todas las virtudes y vicios del pueblo español en las Indias Occidentales.

La empresa fué grandiosa y el mayor poder moral que había en Europa—el Papado—sancionó con _Bula Especial_ la adquisición de las nuevas tierras, con el obligado nexo de la protección oficial á la religión de Cristo. No es de extrañar, pues, que la cruz y la espada, que hicieron la feliz adquisición de los nuevos países, llevaran también á efecto conjuntamente la colonización.