XXXVII.
El Gobernador don José María Marchesi, por decreto de 14 de abril de 1866, dispuso que la Capital, Arecibo, Aguadilla, Mayagüez, Ponce, Guayama y Humacao, como cabeceras de Departamento tuvieran una _Escuela Superior_ con el haber de 1,500 pesos anuales cada una; y que el Municipio respectivo les pagara la casa. Que Añasco, Arroyo, Bayamón, Cabo Rojo, Caguas, Cayey, Fajardo, Juana Díaz, Manatí, Naguabo, Patillas, Pepino, Rio Piedras, San Germán, Vega Baja, Yabucoa, Yauco y la isla de Vieques tuviesen una _Escuela Elemental de 1ª. clase_ con 600 pesos de dotación cada una y casa correspondiente. Y los demás pueblos de la Isla una _Escuela Elemental de 2ª. clase_, con 420 pesos de salario y casa para el maestro. Además, había repartidas por la Isla unas 200 escuelas incompletas, 7 de párvulos, 8 nocturnas para adultos. En algunas poblaciones había también profesores ayudantes. Total 283 escuelas, con un gasto de 170,920 escudos; según el Estado que se publicó en la Gaceta Oficial de 1866.
El Gobernador Marchesi al encontrarse con la cortapisa de Messina, respecto á exigir títulos de una Normal para dar estas escuelas, saltó por encima del Reglamento y del Decreto Orgánico y aceptó los diplomas de la Real Academia de Buenas Letras, _aunque por esta sóla vez_, como reza la Circular de 7 de mayo de 1866, considerando que con la aplicación del Decreto _ad pedem litterae_ se iba á interrumpir la marcha de la instrucción en toda la Isla; y por otra parte, tenían que concurrir á las oposiciones los mismos maestros que las estaban desempeñando _sin los tales títulos_, y alguno que otro particular, recien llegado de la Península, consiguiéndose únicamente cambiar tal vez los maestros de uno á otros pueblos _con perjuicio de ellos mismos y también de la enseñanza_. Dió pues, posesión á los mismos profesores que desempeñaban las escuelas elementales de 1ª. y 2ª. clase; pero á condición de que solicitaran el título correspondiente y pagaran 14 pesos por el nuevo diploma. Confirmó á don Juan P. Monclova en la escuela elemental que desempeñaba en la Capital, porque este benemérito profesor puertorriqueño hacía 30 años que la desempeñaba, _con entera aprobación del Gobierno y del público_; sacándose sólo á oposición la plaza de Ayudante; y suspendiéndose _por ahora_ la creación de la escuela superior de San Juan y el establecimiento de la Normal. Utilizó el Decreto para la creación de las escuelas incompletas y nombramientos de profesores interinos para desempeñarlas, los que tenían que hablitarse de un Certificado, con arreglo al Art. 61. Con igual liberalidad creó las escuelas de párvulos; tomándose interés porque se plantearan las de adultos y las de niñas donde no las había. Y nombró le Comisión de primera clase de esta Capital, que había de entender en este asunto, para que el día 1º de julio de 1866 estuviesen organizadas las escuelas; compuesta de los señores siguientes:
_Presidente._
Lcdo. Don José Julián de Acosta.
_Suplente._
Don Ignacio Guasp.
_Vocales._
Profesor don Fernando Sárraga.
id don Pascasio Sancérrit.
Un eclesiástico, designado por el Obispado, que tenga título académico.
_Secretario._
D. Martín J. Travieso, que lo era de la Junta Superior.
El mismo Gobernador Marchesi, por decreto de 30 de junio del citado año de 66, declaró provisionalmente de texto para las escuelas elementales y superiores los siguientes libros:
_Lectura._ Silabario de los niños puertorriqueños, por don Julio L. de Vizcarrondo. Silabario completo de la lengua castellana por don Juan A. de Torres Roldán. Libro de lectura, por don José Montenegro. El Abecedario de la virtud, por don Juan de Dios de la Cada y Delgado. Los Mandamientos de la ley de Dios, por doña Pilar Sinués de Marco. Manual de Moral práctica y religiosa, edición de don José Solves. Cuaderno de Lectura, por don Ramón M. Ballestero. Colección de trozos escogidos, en prosa y verso, por don Pascacio Sancérrit.
_Historia Sagrada._—Catecismo Histórico por el abad de Fleury.
_Aritmética._—Aritmética, por don E. J. Diaz. Aritmética elemental por don Emeterio Colón.
_Sistema métrico._—Catecismo del Sistema métrico, por don Pascasio Sancérrit.
_Comercio._—Nociones de comercio, por don Emeterio Colón.
_Industria_—Ligeras nociones de industria, por don Federico Asenjo.
_Geografía._—Elementos de geografía, por don Patricio Palacios. Elementos de historia y geografía de la isla de Puerto Rico, por don Julio L. Vizcarrondo. Manual de geografía moderna, por don Ernesto Butten.
_Agricultura._—Elementos de agricultura, por don A. Blanco Fernández. Manual de agricultura, por don Alejandro Olivan.
_Geometría._—Tratado de geometría, por don J. Cortázar.
_Física._—Elementos de física y química, por don Miguel Ramos.
_Historia Natural._—Historia natural, por don Benito García de los Santos. Programa de un curso de Historia natural, por José Monlau.
_Dibujo lineal._—Elementos de dibujo, geometría y agrimensura, por don Juan B. Perromet. Curso de dibujo industrial, por don Juan Villamera.
_Agrimensura._—Guía práctica de agrimensura y labradores, por don Verdejo Paez.—Tasación de tierras, por don Francisco Ruiz y Portera.
_Historia._—Curso elemental de historia, por don Joaquín Federico Rivera. Compendio de historia universal, por don Juan Cortada. Manual de historia universal, por don Alejandro Gomez Ranera.
_Historia de España._—La de don Alejandro Gomez Ranera. Compendio de España, por don Manuel Ibo Alfaro.
Basta la ennumeración de los libros declarados de texto, para que se vea los esfuerzos que se realizaban en el país en bien de la enseñanza pública; teniendo el orgullo de anotar que muchos de esos libros estaban escritos por educacionistas criollos, educados en el Seminario Colegio de la calle del Cristo, como Vizcarrondo Sancérrit, Asenjo y Colón. Nos extraña no ver figurar en esta relación el _Catecismo de geografía de Pastrana_, de que ya hemos hecho mención, y el _Tratado de verbos irregulares para facilitar su conocimiento y conjugación_, arreglado par los alumnos del _Colegio de La Concepción_ por el bachiller don Manuel H. Cuevas y Amalbert, hijo y discípulo connotado del maestro don Manuel Sergio Cuebas Bacener. Obra impresa en 1862 y utilísima para el dominio de los verbos irregulares castellanos.
Continuó el Gobernador Marchesi ocupándose de la instrucción y dispuso, que don José María Caracena sustituyera á don Miguel Alvarez Mir, en el puesto de Vice-Presidente de la Junta Superior de Instrucción por haber pasado aquel señor á desempeñar el cargo de Director General de la Administración local de la Isla. Ordenó, con fecha 24 de julio del 66, que á los maestros de escuelas públicas elementales se les diera casa habitación _decente y capaz para sí y su familia_, así como el local escogido y bueno y suficiente para el establecimiento de la escuela, y mobilario preciso para la enseñanza. Y con fecha 3 de agosto del mismo año, decretó que el 19 de noviembre inmediato, se inaugurase en la casa primera de la Caleta de San Juan, que estaba frente á la Catedral y las Monjas y donde hoy se ha edificado una capilla protestante, la _Escuela Superior de Niñas_, para que sirviera de modelo, considerando la utilidad y conveniencia de dicho plantel de enseñanza, que había de servir para organizar después la buena instrucción de maestras idóneas, que habían de difundir por la Isla los conocimientos adquiridos. Este colegio no se estableció porque el 18 de noviembre hubo un terrible temblor de tierra, que llevó el miedo y el espanto á todos los hogares. La isla siguió teniendo ligeras oscilaciones seísmicas, habiendo tenido lugar otro fuerte temblor el 1º de diciembre. Empezaron á abandonarse las casas de San Juan, todas de masposterías, y las familias huyeron en demanda de las casas de madera de los campos. El Seminario Colegio suspendió sus estudios y despidió los educandos á sus casas; y la tranquilidad pública sufrió una honda pertubación con las manifestaciones, casi diarias, de la onda seísmica. Hay que añadir á esta desolación, que á fines de octubre del mismo año había sido azotado el país por el fuerte huracán de San Narciso. Así se explica, que la derrama de 4 mil pesos que había repartido el Gobernador Marchesi entre los pueblos de la Isla para el sostenimiento de la Escuela Superior de niñas no le fuera posible recaudarla, dado el estado de penuria en que quedó Puerto Rico con el temporal y los temblores de tierra.
El Gobernador Marchesi, con fecha 19 de octubre de 1867, creó la _Inspección general de Instrucción pública_, para ejercer una saludable vigilancia sobre la enseñanza en toda la Isla, dando así un paso de avance en tan ardua tarea y para darle mayor unidad á los sistemas de instrucción.
Nuestro compatriota el doctor Ferrer, en la pág. 66 de su interesante _Memoria_ ataca á los Municipios del año de 1866 y á los padres de familia por el fracaso del Decreto Orgánico de Messina. Como no estamos de acuerdo en este punto y creemos que parte de las dificultades para implantar en el país el proyecto de Messina se debió á la índole del documento en algunas de sus exigencias, copiamos á continuación un párrafo de lo que dijo el Gobernador Marchesi al crear la _Inspección General de Instrucción pública_. Dice así:
“Al fijar este Gobierno Supr. Civil toda su atención en el importante asunto de la enseñanza pública, no ha podido olvidar el interés con que los Municipios, consignando sumas considerables en los presupuestos para aumentar de día en día las enseñanzas reglamentarias, llegaron á interpretar fielmente las aspiraciones del Gobierno, que no ha podido permitir que queden desfraudadas las legítimas esperanzas de la juventud, ni que se malgasten en todo ó en parte los sagrados intereses de los pueblos. La educación popular en su mayor extensión es la primera de las necesidades públicas; por consiguiente, la más leve omisión voluntaria en el ejercicio de la enseñanza puede producir y produce de hecho males de tanta gravedad, que es indispensable estudiar su curación desde su origen. A este importante fin se dirije la creación de la Inspección general de Instrucción pública, llamada á practicar profundas investigaciones en todo lo relativo á la enseñanza y proponer á este Gobierno las inmediatas reformas que reclaman las particulares condiciones en cada pueblo y en cada localidad.”
Y el Gobernador Marchesi, con muy buen tacto político, nombró un peninsular y un hijo del país para desempeñar tan delicada misión, siendo los agraciados don Vicente Fontán y don Federico Asenjo; cargos _gratuitos_, con el abono de los gastos que ocasionaran las visitas á las escuelas de la Isla. El Reglamento de estos Inspectores fué aprobado por Real Orden de 25 de junio de 1866.