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XXXIII.

Al hacerse cargo del Gobierno el General don José de Lemery dictó la siguiente _Circular_, con fecha 1º de febrero de 1856, á fin de establecer _Escuelas Rurales_ y aumentar la concurrencia de los niños á la de los pueblos. Dice así dicha Circular:

“El Director de la Academia de Buenas Letras, en comunicación de 7 diciembre último, me dijo lo siguiente: Exmo. Señor: La Academia de Buenas Letras cuya misión especial es la de inspeccionar las escuelas de Instrucción primaria para procurar el adelantamiento de la juventud que á ellas concurre y para que la instrucción que reciban sea sólida y perfecta, ha visto por las actas que han celebrado las Juntas del ramo en los pueblos de la Isla, á consecuencias de los exámenes públicos que tuvieron lugar en el mes de julio último, que si bien los niños han demostrado su aprovechamiento y los profesores esmero por la enseñanza, el número de alumnos que en ellas se contiene no guarda proporción con el de familias que tiene cada pueblo, y que la asistencia de niños pobres á dichos establecimientos es también escasa, habiendo muchos de ellos donde no concurre el número de aquella clase, que está prefijado á cada escuela por Circular muy reciente del Superior Gobierno. Es también obligación de la Academia, según lo previenen sus Estatutos, procurar el fomento de la enseñanza primaria, elevando á la superior resolución de V. E. las medidas que considere prudentes para lograrlo; y fiel observadora de este precepto, le someterá aquellas que en su humilde concepto considera suficientes, á tan importante fin. Generalmente hay un abandono por parte de algunos padres de familia, que habitan en los campos, para dar educación á sus hijos, ya porque su ignorancia les hace creer que sin aquella pueden ser ricos sus hijos como lo han sido ellos, ya porque la distancia á que viven del pueblo donde se haya situada la escuela pública no les permita enviar á ella sus hijos atravesando ríos y montañas, y ya en fin, es lo más común, faltos de medios con que poder vestir á aquellos y aún alimentarlos mientras se hallen fuera de su casa, prefieren mantenerlos en la ignorancia; y en este estado selvático ocuparles en las faenas domésticas y del campo, antes que privarse de sus servicios para que vayan á recibir una educación moral y religiosa, que ha de hacerlos un día miembros útiles á la sociedad; ¡cuántos delitos se evitarían, que no dejan de afectar al buen nombre y moralidad del país!

“El Gobierno de esta Isla, celoso por el fomento de la educación, porque sabe que mientras más instruído es un pueblo, cumple mejor sus disposiciones; determinó oportunamente, al saber los inconvenientes que se presentaban para el fomento de objeto tan importante, que en los barrios de los pueblos se establecieran _Escuelas Rurales_, facilitándoles la manera de obtener profesores y medios con que sostenerlos; y si hoy no se hallan generalizadas, culpa es de aquellos padres de familia que despreciando las facilidades que se les presentan, prefieren vivir, ellos y sus hijos, en la ignorancia.

“Cuando los pueblos desatienden la voz paternal del Gobierno y descuidan así la observancia de medidas convenientes á su bienestar, preciso es adoptar el temperamento que tomara la Prusia, pasando una visita domiciliara á cada casa para saber el número de niños y disponer que fuesen al aula á recibir la educación necesaria y por cuyo medio ha conseguido que el pueblo sea más instruido en los primeros elementos y quizá el que guarde más proporción con los demás del mundo, entre el número de familias y los niños que concurren á las escuelas. Pudiera aquí ensayarse este sistema, pasando los Alcaldes acompañado de un individuo de las Comisiones de pueblo, una visita á cada casa para saber el número de niños que en ellas existen, expresando en la nota, que habrán de tomar, los que se hallan en estado de concurrir á la escuela por su edad y demás circunstancias, y los que asisten á ella, expresando la clase á que corresponde y si son pobres ó pudientes, cuya diligencia harán también en los barrios del campo.

“Obtenida esta relación, darán cuenta á la Junta del pueblo, para que ésta excite á los padres de familia á que envíen sus hijos á la escuela; encareciéndoles las ventajas de una buena educación; disponiendo que los de la clase pobre concurran á ella aun cuando no tengan un vestido decente, y por todo dos horas diarias, para lo cual se pondrán de acuerdo con el profesor que dirije el establecimiento público; á fin de que el local sea suficiente al número de niños que haya de recibir. Y por este medio, unido á las excitaciones que también podrán hacer á los vecinos mejor acomodados de los barrios para que en estos establezcan _Escuelas Rurales_, así para sus hijos como para la clase pobre; buscando ellos el sugeto que ha de encargarse de la enseñanza; así se logrará el difundir una instrucción, sino sólida y suficiente para carreras literarias, al menos lo que conviene para la moralidad y bienandanza públicas.

“Siendo el pueblo puertorriqueño generalmente religioso, las palabras vertidas por el sacerdote desde la cátedra del Espíritu Santo contribuirán también á despertar en los pueblos el deseo de instruir á la juventud, por lo tanto sería muy conveniente excitar á los párrocos para que por su parte contribuyan á objeto tan importante.

“Hay otra circunstancia muy conveniente para que la instrucción se fomente en el país. Por circulares del Superior Gobierno que no se hallan por cierto derogadas, se recomienda á las Comisiones del pueblo, que visiten á menudo las escuelas públicas y particulares; nombrarán por cada mes un individuo de su seno que en clase de inspector concurra á aquellos núcleos, dando parte de cualquier novedad. Esto solamente se practica en algunos distritos, porque en otros se ha descuidado enteramente esta obligación; y por eso no progresa en ellos la enseñanza, pues es indudable, que habiendo asiduidad y eficacia por parte de dichas Comisiones, los padres de familia verán como asunto de interés la educación, los profesores se esmerarán más en el cumplimiento de sus deberes y la juvntud estudiosa se estimulará más en sus tareas al ver el cuidado con que se atiende á su aprovechamiento.

“Hay más: estas visitas sirven de correctivo á los encargados de la enseñanza, porque si alguno se descuidase sabe que tiene un vigilante de sus operaciones, que dando parte á quien corresponde, le hará entrar en la senda de sus deberes; y por último, que con esta práctica, se hará un beneficio á los fondos públicos, porque tendrán una justa inversión las cantidades que anualmente satisfacen por la enseñanza.

“En consecuencia de lo expuesto, y conforme con el proyecto de la circular, que me ha presentado el Director de la Real Academia de Buenas Letras, he venido en decretar lo que sigue:

“Artículo 1º—Los Alcaldes de los pueblos de la Isla, como Presidentes de las Comisiones de Instrucción primaria, y acompañados de un individuo de las mismas, tomarán nota de los niños de 8 á 10 años, que ya de la clase pobre, como de la pudiente, no concurran á las escuelas públicas ó particulares á recibir la instrucción que en ellas se dá, é igual formalidad practicarán en los barrios del territorio; debiendo concurrir para esta operación á las casas, con el fin de tomar las noticias necesarias de los padres de familia, sin que para ello se ejerza violencia ni apremio alguno.

“Artículo 2º—Tomada la relación de los niños, de que se remitirá una copia á este Superior Gobierno, procederán los Alcaldes á excitar á los padres de familia para que envíen sus hijos á la escuela, haciéndoles conocer las ventajas que ha de proporcionarles la instrucción.

“Artículo 3º—Observándose por los estados trimestrales, que muchas de las escuelas públicas no tienen el número de pobres que está prefijado en la Circular de 29 de diciembre de 1853, los Alcaldes cuidarán no sólo de que se mantenga el número completo sino que se aumente hasta donde lo permita la extensión del local, poniéndose de acuerdo con el profesor, á fin de que se proporcione otro más capaz donde los niños se encuentren con el desahogo que aconseja la higiene.

“Artículo 4º—Teniendo en consideración que la distancia á que se hallan colocados los barrios con respecto á la población es causa de que no concurran á las escuelas los niños que en aquellos habitan, encargo á los Alcaldes que exciten á las personas acomodadas de cada barrio para que establezcan las _Escuelas Rurales_, no sólo para sus hijos, sino para los pobres de la comarca, estableciédolas en puntos céntricos; en la inteligencia, que ellos podrán solicitar el sugeto á quién deseen encargar la enseñanza de los niños, y convenir con él la remuneración por su trabajo cuyo pago podrán repartirse entre todos vecinos que disfruten de semejante beneficio.

“Artículo 5º—Prevenido como está por Circulares anteriores vigentes, que las Comisiones referidas nombren mensualmente un vocal de su seno, que concurra una ó más veces á la escuela para imponerse del estado de adelanto de los niños y dar parte de cualquiera falta que en ella advirtiere capaz de enmendarse, recomiendo su más puntual cumplimiento; y encargo á las Comisiones, que á principio de cada mes se me dé cuenta del resultado; en la inteligencia que exigiré la responsabilidad á quien corresponda por la menor omisión.

“Artículo 6º—Los Alcaldes excitarán á los venerables párrocos, para que desde la cátedra del Espíritu Santo, y en los días festivos, contribuyan con sus exhortaciones al fomento de la instrucción pública, y al propio tiempo cuidarán de hacer exámenes parciales en las escuelas, cuando lo tengan por conveniente, á fin de imponerse del estado de adelanto de los niños.

“Todo lo que comunico á V.V. para su inteligencia y efectos correspondientes. Puerto Rico, 1º de Febrero de 1856. _José Lemery._ Sres. Alcaldes de la isla de Puerto Rico.”

El mismo Gobernador Lemery dispuso, con fecha 25 de agosto del mismo año, á propuesta de la Academia de Buenas Letras, que para impulsar la instrucción de las niñas se autorizara en los pueblos á las señoras con aptitudes para la enseñanza, á que pudieran abrir sus escuelas para la enseñanza de costura, bordado, lectura y doctrina cristiana, aunque dichas señoras no tuvieran título de maestras; con la obligación de contratar un profesor que enseñara á las niñas las demás materias de la instrucción pública.

El mismo mes y año la Academia disponía, deseosa de impulsar la instrucción primaria y con el fin de estimular á la juventud á que concurriera á las escuelas, que además de los premios establecidos en el Reglamento de exámenes, publicado en la Gaceta Oficial del 4 de diciembre de 1852, se establecieran otros, más pequeños, para los alumnos que dieran pruebas de su aprovechamiento en las materias que estudiaran. Además estableció un premio para el alumno más aventajado en cada materia, de las que componen el ramo de instrucción primaria, en cuya competencia podían entrar á disputarselo todas las secciones que la compusieran, teniendo en cuenta para la adjudicación, así del premio como del accesit, el grado de aprovechamiento comparativamente con las demás, el tiempo de escuela, la continua asistencia y la conducta escolar que hubiere observado el candidato, siendo el informe y voto del profesor uno de los requisitos indispensables para proceder con el mejor acierto en este asunto.

Estas medallas se hicieron traer de Francia por conducto de una casa comercial de la Capital. La de primera clase valía 7 reales macuquinos y la del accésit 4 reales. También se daban prequeñas, de 4 reales y la del accesit de 3 reales. También se daban premios á las escuelas particulares. Costeaban estas medallas fondos municipales de cada pueblo. Cuando había dos ó más alumnos, con igual aptitud para un mismo premio, se procedía ó hacer oposiciones por separado, sufriendo cada uno de ellos, nuevo exámen para depurar la suficiencia y evitar los sorteos entre los escolares más sobresalientes.

Los esfuerzos hechos por don Juan de Mata Aybar, Director de la Academia de Buenas Letras, durante el tiempo que estuvo al frente de esta corporación merecen ser citados con especialidad, pues además de escribir una gramática castellana para el fomento del habla de Castilla en este país, no cesó un solo día de proponer al Gobernador medidas convenientes al adelanto de la instrucción en Puerto Pico. Su gramática fué declarada de texto para las escuelas. Honor á quien honor merece.