XXIII.
Hagamos un alto en esta peregrinación que hemos hecho en la historia de Puerto Rico, desde los comienzos de su colonización hasta el año de 1830. Primeramente tuvimos á la sombra de la Cruz las enseñanzas de la gramática castellana y de las artes de leer y escribir, dadas por los clérigos conventuales á los indígenas y á los hijos de los conquistadores. Luego viene la iniciativa particular y surge allá, por los años de 1580 _Antón Lucas_, dejando rentas especiales para la enseñanza de la gramática latina, y el Obispado facilitando el hospital desocupado de San Ildefonso para que se llevaran á efecto. Después aparece otro benefactor, en 1589, el vecino _Francisco Ruíz_, con el donativo de cien ducados anuales, como renta, para que en la Casa Parroquial se estableciera una cátedra de gramática castellana. El impulso tomaba incremento; y al ponerse al frente de los domínicos fray _Jorge Cambero_, hijo de San Juan, el año de 1645, estableció en el convento de Santo Domingo el estudio de Artes y de Gramáticas castellana y latina, no sólo para los conventuales sino también para jóvenes vecinos de la Capital, que quisieran estudiar. Andando el tiempo pudieron obtener los frailes Domínicos una real orden, de fecha 24 de agosto de 1788, en la que se les autorizaba para dar clases de Filosofía.
Respecto á instrucción primaria nos cita O’Reylly, en 1765, dos escuelas, una en la Capital y otra en la villa de San Germán, porque los puertorriqueños, diseminados por la Isla, preferían por aquel entonces la vida patriarcal de las _estancias_ á la reducida y monótona de las poblaciones de segundo ó tercer orden.
Pero, vemos ya en 1770 al Gobernador don Miguel de Muesas estableciendo en su _Directorio General_ la manera cómo los Tenientes á Guerra habían de cuidar del progreso de las escuelas de niños; y ésto no como una novedad, sino en armonía con los bandos y autos del Gobierno que hasta entonces se habían promulgado. Por lo que es digno de censura que fray Iñigo Abbad, que escribe en 1780 y recorrió la Isla toda en 1776, silencie el estado de las escuelas por el estado de enemistad personal en que se encontaba contra el Gobernador y por el afán de hacerle quedar mal ante el Gobierno de Madrid, hasta el punto de informar que lo mejor era destinar Santa Catalina á hospital de la tropa.
Que en 1770 el espíritu público estaba en armonía con las aspiraciones del Gobernador don Miguel de Muesas lo comprobamos citando la solicitud, que ese mismo año, dirigían al Rey los doctores don _Miguel de Mena_ y don _Francisco Manuel de Acosta_, para que se crease con el nombre de “Nuestra Señora de Belén” una universidad en el convento de los Domínicos. Petición que había hecho con anterioridad ya el Doctor don _Nicolás Ruíz_; y que, posteriormente, en 1795, repitió el Ayuntamiento de la Capital, cuando la cesión de la parte española de Haytí á la Francia por el Tratado de Basilea, deseando que la universidad de Santo Domingo se trasladara á San Juan. En esta última labor tomaron gran empeño los concejales Xiorro, Pizarro, Dávila, Córdova y Quiñones.[37]
Aunque fracasaron los esfuerzos de estos nobles vecinos de la Capital, justo es tributarles nuestro aplauso. Es necesario tener en cuenta que la nación española á fines del siglo XVIII pasaba por unas pruebas tan fuertes, que hasta al tálamo nupcial del Rey llegaba el lodo de la corrupción social. Considerando en el gobierno central á otros hombres, España no hubiera negado á Puerto Rico, en el siglo XVIII, lo que había concedido en siglos anteriores á otros territorios de América. Y así vemos, que tan pronto reaccionó de la crisis tremenda de principios del siglo XIX, el mismo rey Fernando concedía, en 1816, la cátedra de Medicina en el Hospital Militar bajo la dirección competente del Doctor Espaillat.
Téngase en cuenta también que por real cédula de 1792 se fundó en Granada un _Colegio de Nobles Americanos_ donde había un puesto grátis para un puertorriqueño.[38]
En 23 de Enero de 1773 el Obispo fray Jiménez Pérez dispuso, que el dinero destinado á una clase de gramática en la Iglesia Catedral, de que hemos hecho mención, y que se venía dando en el Colegio de San Ildefonso de dicha Catedral, se dedicara á una clase de Moral Cristiana, nombrando por catedrático y regente de ella al doctor don _Antonio de Mena_, en virtud de que en los dos conventos de la ciudad daban los frailes instrucción de gramática castellana y latina.[39]
A la concesión dada al doctor Espaillat se unió el acuerda del Rey de darle admisión á cuatro alumnos puertorriqueños en el Colegio de Cirujía establecido en Cádiz, facultando al Ayuntamiento de la Capital para que los gastos se costeasen del fondo de _Propios_.[40]
Viene en pos la real orden de 1819 concediendo á los frailes Franciscos la facultad de enseñar como los Domínicos, cuya autorización sostuvieron hasta 1839, con la interrupción del año 20 al 25, en que fueron despojados de su convento por primera vez.
Los esfuerzos de la Sociedad Económica, del Ayuntamiento y del Gobernador Aróstegui para el establecimiento de una escuela por el método _Lancáster_ fracasaron, en 1820. En cambio, se pudo fundar una escuela de niñas á cargo de la profesora doña Vicenta Erichson; é introducir en nuestras escuelas elementales el sistema inglés caligráfico por el profesor señor Ritten noven. Y en la Sociedad Económica, que tomaba á empeño el desarrollo de la instrucción en el país, se pudo el 1º. de marzo de 1822 dar comienzo á las cátedras de Matemática y Dibujo, bajo la dirección de los profesores respectivos Basabé y Fagundo. La misma Económica el año de 23 fundó en una de las salas del ex-convento de San Francisco la cátedra de Derecho Civil con el profesor señor Arroyo Pichardo, y la de Filosofía á cargo de Fray Angel de la Concepción Vázquez. Y, finalmente, el dean señor Alonso de Andrade, en la _Casa Parroquial_, el año de 1825, instaló las cátedras de Teología, Dogmática, Filosofía, Moral y Liturgia Eclesiástica, Latinidad en sus dos cursos, Derecho Patrio y Derecho Canónico.
Hemos buscado en los Archivos del Obispado los libros de actas correspondientes al centro de cultura fundado por el entusiasta dean Alonso de Andrade. Hasta ahora, á pesar de la busca no los hemos encontrado. Parece que á nuestro inolvidable don José Julián Acosta le pasó lo mismo pues se ciñe en una de sus notas á la Historia de Iñigo Abbad á decir, que ignora las causas de la muerte de esta institución, honra del clero puertorriqueño, que pudo haber servido de sólida base al planteamiento de una verdadera universidad. Y no nos dice cuando terminó, ni que alumnos tuvo.[41]
Elzaburu indagó un poco más y pudo consignar en su discurso sobre la Institución de Enseñanza Superior de Puerto Rico, que don José Alejo Pérez, don N. Arizmendi y don José Silvestre Santaliz fueron discípulos del citado centro educador, correspondientes á la cátedra de _Derecho Canónico_, que regenteaba el licenciado don Dionisio Sanjurjo. Que los dos últimos alumnos pasaron, á la Habana Arizmendi y á Madrid Santaliz, obteniendo en las respectivas universidades el título de Licenciados. El señor Santaliz, que fué el primero en desempeñar la clase de Latinidad (Menores) y en la que fué sustituído por el presbítero don Basilio Rodríguez, llegó á ser el año de 1840 Asesor del Gobierno de Puerto Rico y después Juez de la Instancia de esta Capital, siendo luego trasladado como Fiscal á la Audiencia de Santiago de Cuba. Nosotros sabemos, que don José Alejo Pérez fué á Arecibo de profesor de instrucción pública, que estuvo establecido en la calle de la Cruz, frente á la Iglesia de San Felipe, durante mucho tiempo.