Chapter 30 of 68 · 686 words · ~3 min read

XXXI.

El Gobernador don Juan de la Pezuela, con su _Reglamento_ de los ejercicios para obtener las escuelas públicas de instrucción primaria dió vida y organización á la enseñanza primaria en el país porque, previa citación en la Gaceta Oficial, habían de proveerse por oposición, lo que obligó á los aspirantes á adquirir mayores conocimientos. Además, dividió las escuelas de la Isla en tres clases, correspondiendo á las primeras las de la Capital, Ponce, Mayaguez, Arecibo, Humacao, Aguadilla y Guayama, que constituyen las siete cabezas departamentales; y también las de San Germán, Caguas y Cabo Rojo. En segunda categoría entraron las de Añasco, Bayamón Fajardo, Juana Diaz, Manatí, Naguabo, Patillas y Yabucoa. Y de tercera clase las de los demás pueblos de la Isla.

Quién de tal manera procedía no podía tener ningún interés mezquino al suspender la fundación del _Colegio Central_. Y en prueba de nuestro aserto está la _nota_ que el patriota doctor don Manuel A. Alonso estampa en su libro _El Gíbaro_ á un artículo, que escribiera en 1846 para el _Cancionero de Borinquen_ en la creencia de convenir la fundación del proyectado colegio; en cuya anotación manifiesta “que un estudio más detenido acerca del estado de nuestra patria nos ha convencido que viviamos en un error” por lo que en 1849 pensaba de diverso modo.

En dicho artículo se queja Alonso de que los jóvenes puertorriqueños que iban á estudiar facultad mayor á España se encontraban con que sus estudios eran incompletos y no adaptados para el ingreso en las universidades españolas.[51] Este error fué subsanado con el plan de estudios desarrollado por los Jesuitas, en 1858, en el Seminario-Colegio.

Sin embargo, la instrucción en Puerto Rico empezaba á dar sus frutos, pues en 1843 se pudo publicar el primer libro de literatura, con una colección de producciones originales, en prosa y verso, de autores puertorriqueños. El libro se tituló _Aguinaldo Puertorriqueño_ y fué editado en la imprenta de Gimbernat y Dalmau. Ya sus autores habían dado muestras de sus conocimientos en el periódico _El Boletín Instructivo y Mercantil_, que se publicaba en San Juan desde el 2 de marzo de 1839, que apareció el primer número, bajo los auspicios de la Junta de Comercio. El citado Aguinaldo llevaba las firmas de los jóvenes literatos Ygnacio Guasp, Martín J. Travieso, Francisco Pastrana (con el seudónimo _Jacobo_), Juan Manuel Echavarría, (con el seudónimo _Hernando_) venido de Venezuela muy niño y formado en este país, llegando luego á ser sacerdote, Eduardo González Pedroso, jóven peninsular que escribía con el seudónimo _Mario Kolhmann_, Carlos Cabrera, Fernando Roig, peninsular, después fundador de un colegio en Humacao, que tuvo renombre por los buenos discípulos que sacaba; Benisia Aguayo, Mateo Cavailhon, Alejandrina Benitez y Francisco Vassallo.

Al año siguiente de 1844 apareció el segundo libro de literatura con el nombre de _Album Puertorriqueño_, colección de ensayos poéticos, que dedicaban los autores á sus padres y amigos; editado por jóvenes puertorriqueños, que estudiaban en Barcelona. Colaboran en él los hermanos Vidarte (Juan Bautista y Santiago); Santiago, cuya temprana muerte llorarán siempre las musas, Pablo Saez, que luego fué un distinguido abogado, Manuel A. Alonso y Francisco Vassallo, que fueron después médicos connotados.

A este esfuerzo intelectual siguió en 1846 la publicación de _El Cancionero de Borinquen_, editado en Barcelona, en la imprenta de Martín Carté, y dedicado á la Sociedad Económica de Amigos del País de Puerto Rico, _en prueba de gratitud_, por haber nombrado socios corresponsales á los autores del Album Puertorriqueño. Los trabajos eran de Alonso, los Vidarte, Vassallo y el joven Ramón E. de Carpegña, cuyo padre tuvo en San Juan un buen colegio de instrucción primaria, del año de 1833 al 34, secundado por el profesor don Basilio Nuñez.

La instrucción se iba difundiendo por toda la Isla, pero carecía de un plan general de organización. Los padres Escolapios habían intentado, en 1837, fundar un instituto y su estadía entre nosotros fué efímera. El Liceo de don Manuel Felipe Castro, en Arecibo, lo mismo; é igualmente en los principales pueblos de la Isla. El Gobernador Pezuela salvó este escollo fundando la _Academia Real de Buenas Letras_.